Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

ARSUAGA-MILLÁS Sapiens o neandertal: tanto monta monta tanto

El humor y el don de la palabra de Juan José Millás le sientan como guantes a la sabiduría existencial de Juan Luis Arsuaga; nuestro paleontólogo de cabecera.

Desde luego, si hay un libro a nuestro alcance en este momento que enlace con los principios de Epicuro y los fundamentos del humanismo es sin duda La vida contada por un sapiens a un neandertal.

Epicuro de Samos trataba de orientar a quien le escuchara (sin discriminación de etnia o de sexo) en la búsqueda de la felicidad a través del placer y el equilibrio espiritual. La lectura es sin duda una fuente de placer por cuanto es de libre elección y, si no obedece a las expectativas creadas, siempre se puede abandonar o dejar para mejor ocasión (no se sabe bien qué sorpresas pueden deparar las segundas oportunidades) y es capaz de unir cual pegamento los circuitos de los que depende el equilibrio entre lo intelectual y lo emocional.

Juan José Millas advierte en alguna parte del libro que para que una lectura sea provechosa precisa del esfuerzo y −esto lo apunto yo− la implicación del lector; máxime si el lector ha optado por la lectura, entre tanta y variada oferta de imágenes avaladas por la tecnología del entretenimiento, para cumplir su objetivo o, cuanto menos, avanzar un paso más en su consecución. Muchas veces hay que estar bien preparados para el disfrute y, por supuesto, siempre hay que implicarse en el placer que se demanda; comprometerse con la felicidad que nos espera al final del camino entre metáforas y renglones difusos.

A pesar de lo acertado de su advertencia, el escritor de la dupla de autores que firma el libro se empeña en acercar el texto al lector sin perder un ápice de criterio estilístico y profundidad narrativa. Millás se mueve como pocos en los territorios fronterizos entre lo real y lo imprevisto imaginario, entre la dualidad de la existencia y el mundo mágico que envuelve esa dualidad. Tiene ingenio y destreza narrativa y un humor adictivo que subyace de las propias palabras que utiliza para recorrer los recovecos del lado oscuro del foco que nos ilumina.

No es extraño que cayera en la tentación de asomarse a los resquicios de ese mundo, todavía sorpresivo y enigmático a pesa de estar muy bien documentado, de nuestros antepasados sapiens y neandertales. Tampoco lo es que eligiera y convenciera a Juan Luis Arsuaga, conocido paleontólogo y profesor, cuya vocación de enseñar y divulgar los conocimientos y descubrimientos científicos con rigor y seriedad sin perder de vista lo que la enseñanza tiene de juego e ironía. 

Arsuaga es un sabio que no se guarda nada para sí. Tiene talento para comunicar y vocación de docente. También humor, sin el cual no podría soportar las dudas que le deben de asaltar a cada rato; porque la Evolución sigue siendo un enigma a pesar de las evidencias que constan y nos constan, situándonos a veces en el lugar de los hechos por muchos miles de años que hayan pasado. Es curioso y transmite su curiosidad, a sus alumnos y en sus libros; esa es la clave de cualquier investigación, también de la vida, un modo de rebeldía. Su vasta cultura abarca las suficientes materias y disciplinas como para tener una visión del mundo global desde los detalles más nimios, desde la cueva más remota, desde la fisonomía de una flor, un paisaje, a la estilizada figura de una pintura rupestre o un gran oso de peluche al que se abrazan los niños. Y, como se refiere a él Millás, un gran narrador oral; siempre atento al germen de la vida en cualquiera de sus dimensiones y atento, cómo no, a las transformaciones sucesivas de esa vida desde su nacimiento. Un humanista incrustado en la naturaleza, que disfruta y hace disfrutar.

Sensata elección la del escritor y feliz coincidencia de dos sentidos del humor tan distintos que adquieren una confluencia de grandes significados cuando se funden en la palabra que, eficaz y bullanguera, describe con serenidad y luz lo que uno piensa y lo que el otro recita. He dicho en otras ocasiones que, cuanto más nos acercamos al futuro y más difícil es este de adivinarse, ni siquiera intuirse con crisis pandémicas removiendo los cimientos de la civilización, más volvemos la mirada hacia el pasado y no nos detenemos en los siglos, sino en el movimiento circular del tiempo, en el interés por nuestro origen.

La Ciencia le permite a Arsuaga, en la pluma de Millás, afirmar que la Evolución no ha sido lineal, sino circular y que la Historia es el resultado de una continua repetición de aciertos y errores, de avances y retrocesos y que, a la postre, somos los mismos, con las mismas inquietudes e incertidumbres, que nuestros antepasados más longevos y que, a pesar de todo hemos llegado hasta aquí. Quizá no sea un consuelo ante la sobrecarga de presente que embarga nuestras funciones vitales; pero saber a ciencia cierta que situaciones parecidas se han sucedido a lo largo de los siglos y que el muro que construyen la enfermedad y la muerte ha sido derribado muchas veces, quizá nos ayude a liberarnos de la presión demoledora de pensar que el futuro, no bien se atisba, se diluye. A fin de cuentas, el único recurso que tiene el futuro como probabilidad es la ficción intuitiva; buen recurso si el arte y la literatura no estuvieran, por mor de causas variadas, muchas de las cuales no tienen su correspondencia en la Naturaleza, tan obcecadas en el presente inseguro e incierto.

Ya no hay lugar para los subterfugios. El futuro ha llegado cargado de virulencia y muerte, pero el futuro −lo saben muy bien nuestros autores−, durante más siglos de los que alcanza la memoria, siempre llegó cargado de virulencia y muerte. Al cabo, el futuro es la muerte, aunque se vuelva a derribar el muro y la evolución siga adelante como sólo se puede seguir adelante: siguiendo las coordenadas que nos marca el círculo.

Este libro, que nos acerca a la duda contrastada, me ha hecho disfrutar y, a la vez, aprender: aprender cosas que ya sabía, a descubrir cosas que desconocía, a darme cuenta por enésima vez de que la historia es la sucesión de una manipulación estructural y de un continuo sobrevivir para dar el siguiente paso hacia el futuro incierto por terrible que parezca.

Habrá otros libros como éste, donde la ficción posible se volverá a mezclar con la realidad fehaciente, y la extraña pareja, Arsuaga – Millás, tanto monta monta tanto, nos volverá a hacer disfrutar y nos enseñará cosas que ya sabíamos o ignorábamos, tanto monta… Si el futuro se relaja y deja de invadir nuestro presente.