Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

EL NACIMIENTO DE UN IMPERIO La expansión del poder norteamericano

Guerras, revueltas independentistas, ocupación, compra y venta de países, en los albores del siglo XX.

El cambio de siglo trajo consigo la aceptación del capitalismo como método de producción y crecimiento económico.

Hemos reflexionado sobre la evaporación de Cuba, Puerto Rico, y Filipinas, consecuencia de todo lo acontecido en Estados Unidos después de la guerra de secesión. La corrupción, el nacimiento de la industria y la expansión de la Unión, con la anexión de los nuevos estados en el oeste, hicieron que la sociedad americana reaccionase según los distintos estratos sociales.  

El nuevo sistema de producción provocó el impulso de la nación desde un punto de vista económico; pero llevó al país a una fractura social, debido a que el dinero se concentró en los grandes monopolios y las condiciones de trabajo eran abusivas para los nuevos trabajadores de las fábricas.

El crecimiento del sector industrial fue directamente proporcional a los beneficios de las empresas, que vieron que sus inversiones en maquinaria proporcionaban un claro rendimiento para sus arcas. Las fábricas empezaron a producir las 24 horas del día; pero la nueva maquinaria no necesitaba tanta mano de obra como antes, por lo que el desempleo aumentó.

El cambio de siglo provocó una serie de dilemas que las sociedades de diferentes países, sobre todo  las clases trabajadoras, tenían que definir. En primer lugar, la aceptación del capitalismo como método de producción y de crecimiento económico.

Si en la revolución francesa, el liberalismo y el librecambio iban de la mano de la masonería, propiciado por ésta, también se dotó de un impulso fundamental al capitalismo. Occidente avanza con el progreso como horizonte, en tanto el dólar americano hace honor a los símbolos masónicos.

La masonería acabó con el desarrollo tecnológico español de vanguardia; como el desarrollo del submarino para arma de guerra en el mar,  que hubiera permitido el mantenimiento de nuestras colonias perdidas en el 98, y también ser una voz clave tanto en  Europa como en América.

Por otra parte, la masonería no se centró solo en la distribución del poder por países, sino que, como  clase poderosa, también realizó incursiones en el mundo obrero.

El sindicalismo estadounidense se nutrió de manera directa de las Trade Unions de Inglaterra, que designaba a los propios trabajadores como una clase social propia, la clase productiva, la clase obrera.

El primer sindicato fue fundado un año después del fin de la guerra de secesión norteamericana, en 1866 cuando en la incipiente industria del hierro, con el liderazgo de William Sylvis, se fundó la National Labor Unión. Su vida fue muy corta ya que se disolvió en 1.974, pero en este tiempo luchó por la mejora de las condiciones laborales, además de apoyar el sufragio femenino.

Esta línea fue seguida por las siguientes organizaciones laborales, que no supieron calar en la clase obrera ni presionar de manera efectiva a los empresarios.

Sin embargo, el éxito de las organizaciones obreras no llegó hasta la fundación de la Knights of Labor, de origen masón, y que congregó a los trabajadores nacidos en Estados Unidos, sin distinción de género, raza o sector industrial. La lucha por los derechos y las condiciones laborales desde esta organización no fue de una forma combativa, ya que muchos de sus líderes no abogaban por la huelga, pues consideraban que no era la forma mejor de obtener resultados. Un intento fallido de la masonería de neutralizar las justas reivindicaciones obreras.  Naturalmente, este sindicato que era un brazo de los mismos capitalistas, fue barrido por la masa obrera y por las muertes de activistas en enfrentamientos con la policía; el 1 de mayo de 1886, con resultado de 12 obreros muertos en el Haymarket de Chicago. Allí estaban ya los sindicalistas más radicales que se agrupaban en la F.O.T.L.U. (Federación de Trabajo Organizado y Sindicatos de Estados Unidos y Canadá).

Una pequeña píldora, que sirva de recordatorio:

La espléndida pequeña guerra de 1898, fue así: el 24 de Febrero de 1895 tenía lugar la insurrección del pueblo cubano contra la dominación española. Las hostilidades volvían a reaparecer en la isla en Baire, en la parte oriental de la isla y en Ibarra, en la provincia azucarera de Matanzas. Pese a que la insurrección independentista fue rápidamente sofocada en Barre y acaeciera la temprana muerte de José Martí en el campo de batalla, la insurrección contaría con un amplio respaldo entre la población cubana. Antonio Maceo y Máximo Gómez se erigirían en los líderes del ejército rebelde. El presidente Grover Cleveland se mantendría firme frente a la presión de los senadores expansionistas. Sin embargo, la victoria del republicano William Mckinley en las elecciones presidenciales de 1896 se mostraría más sensible hacia los círculos expansionistas. La condición de España como pequeña potencia mundial (fue un blanco perfecto para la masonería internacional) con sus condicionantes objetivos, tanto en el plano interno como externo, la abocarían como a otras potencias coloniales como Portugal, también católica por entonces, a una posición incómoda y muy frágil en el contexto del imperialismo. El caso español fue, en suma, un testimonio más de las crisis internacionales de distribución de poder territorial como las de Portugal en 1890, Italia en 1896 o Francia en 1898.

La insurrección cubana en 1895 polarizaría toda la atención de la política exterior española y obligaría a un enorme esfuerzo militar desde la metrópoli para defender un pequeño imperio mundial extraordinariamente disperso. Desde un principio, la diplomacia española trató de evitar el reconocimiento de los rebeldes como beligerantes por parte de los Estados Unidos y, más adelante, el gobierno de Madrid presentó la intervención norteamericana en la isla como un acto contrario a los intereses de las potencias europeas en América, identificando en última instancia la preservación del Statu Quo antillano y de la soberanía española con la defensa del principio monárquico.

La negativa de España a la oferta realizada por Washington de compra de la isla y la manipulación informativa a que fue sometida la crisis cubana por las grandes cadenas de Pulitzer y Hearst, fueron generando un ambiente prebélico que culminó con el incidente del Maine el 15 de febrero de 1898. La prensa norteamericana, principalmente la prensa amarilla, el New York Journal de Joseph Pulitzer y el New York World de William Randolph Hearst, se pronunciarían muy críticamente con el comportamiento de la metrópoli, especialmente tras el envío del general Valeriano Weyler (católico, conservador, patriota y nada masón) y su represiva política, que no era sino gran estrategia militar, inventor de “La Trocha”, parando en seco a los mambises, ganándoles batallas, haciéndoles retroceder y aislarlos en el Oriente de la isla de Cuba. La animadversión hacia España subiría aún más su temperatura al filtrarse a la prensa una carta del ministro plenipotenciario español en Washington, Dupuy de Löme, a Canalejas en el que se relataban las intenciones norteamericanas y se hacía una descripción despectiva del Presidente William Mackinley, al calificarlo de “débil y populachero y además de un politicastro”.

El 18 de Abril, la Administración norteamericana enviaba un ultimátum al gobierno español y el día 25 el Congreso declaraba la guerra. Alfred T. Mahan, que había pronosticado en medios periodísticos que la guerra duraría 3 meses, formaría parte de la Junta Naval de Guerra (la masonería internacional había descalificado el submarino Peral 10 años antes: arma de guerra invencible para la época).

La guerra llevada a cabo en dos escenarios hacia las que Washington había dirigido sus miradas, el marco antillano y el archipiélago filipino se saldó con una rápida victoria militar en la que se había plasmado la superioridad del poder naval de los Estados Unidos frente a la flota española.

La escuadra del comodoro Dewey alcanzaba la bahía de Manila el 30 de abril de 1898, y tras un intenso día de bombardeo, destruyó la flota española y las baterías de artillería instaladas en la costa. El futuro de aquellas islas, desconocidas para la mayor parte de los norteamericanos, ya entraba en los planes de los expansionistas. Henry Cabot Lodge, como aduce Baiban W. Tuchman,  escribiría que “de ningún modo debemos dejar escapar las islas”,  lo que planteaba un conflicto abierto con el movimiento independentista que llevaba  luchando tres décadas contra España, liderado por Emilio Aguinaldo.

La Guerra de Cuba finalizaría a primeros de julio tras la batalla de Santiago, en el transcurso de la cual la flota española sería hundida tras su intento de romper el bloqueo al que le había sometido la escuadra americana. A Puerto Rico las tropas americanas llegarían el 13 de agosto, desembarcando en Ponce desde donde se dirigirían hacia San Juan.

Las acciones de guerra se suspenderían una vez fueran conocidas las noticias sobre las negociaciones de paz. Desamparada España de todo apoyo por parte de las potencias europeas, el 12 de Agosto se firmaron en Washington las condiciones preliminares de la paz y posteriormente la firma en París del tratado de Paz entre España y Estados Unidos tendría lugar el 10/XII/1898.

En el tratado, España renunciaba a su soberanía sobre Cuba y Puerto Rico. La anexión de Cuba, pese a los deseos de los expansionistas resultaba de difícil viabilidad a tenor de las simpatías manifiestas en años precedentes hacia los independentistas cubanos y las resoluciones adoptadas a favor de la independencia. Con todo,  la  independencia quedaría comprometida ante la presencia de una fuerza norteamericana de ocupación y una organización como protectorado a tenor de la Enmienda Platt de 1901. No ocurriría así con Puerto Rico que sería ocupado por fuerzas norteamericanas y pasaría a depender directamente de los Estados Unidos. La internacional masónica lo consiguió y avanzaba en otros frentes mientras tanto.

Así, la primera Constitución de Filipinas, la de 1901 mantenía el español como la lengua oficial del archipiélago. Los Norteamericanos fuerzan una segunda Constitución, la de 1910, dónde se hace desaparecer el español como lengua oficial de Filipinas; a partir de ese año la lengua oficial de Filipinas será el inglés.

Puerto Rico presenta una historia de resistencia. La lengua oficial desde 1898 es el inglés, hasta que tan tarde como en 1949, la defensa del lenguaje  alcanza su objetivo y se oficializa la enseñanza en español.

Retrocedamos ahora. En virtud del tratado de paz, se cedía a los Estados Unidos la soberanía sobre el archipiélago filipino y Guam. La anexión de Filipinas tendría lugar entre las protestas de los antiimperialistas. Finalmente, el presidente Mackinley se decantaría por la posición de sus consejeros y su partido y apoyaría la conservación de las Filipinas bajo pabellón estadounidense. La cesión de Filipinas quedaba sancionada en el tratado a la vez que se hacía un pago a España de 20 millones de dólares.

Aquellos acontecimientos, precisamente cuando se estaba discutiendo en el Senado el futuro de Filipinas, que frustraba las aspiraciones del movimiento independentista liderado por Emilio Aguinaldo, desencadenaría un dramático y sangriento enfrentamiento con las fuerzas de ocupación. La cruenta guerra se saldaría con la muerte de al menos 200.000 filipinos y 4000 soldados norteamericanos. Los acontecimientos de Filipinas desembocarían en una escalada militar mediante el envío de una fuerza armada que ascendería a 75.000 soldados para el aplastamiento de los independentistas. En abril de 1900, pese a su oposición a la anexión, el juez Taft, quien ocuparía la secretaria general de guerra en 1904 y luego la presidencia de los EE.UU entre 1909 y 1913, aceptaría la llamada de Mackinley para formar un gobierno civil en Filipinas, con el compromiso de establecer un régimen de cierta autonomía en los asuntos internos de Filipinas. La administración norteamericana asumiría la responsabilidad moral y material con la nueva posesión para su americanización y convertir las Filipinas en la “Perla de Oriente”.

La liquidación del imperio americano-pacífico se completó en 1899 mediante la cesión a Alemania por un valor de 15 millones de pesetas de las islas Marianas, excepto Guam y las Carolinas y Palaos, sobre las que ya había mostrado con anterioridad sus aspiraciones;  la cesión en 1900 a los Estados Unidos de las islas de Sibutú y Corgayan de Joló mediante el pago de 100.000 dólares la Splendid  Little War, tal como la bautizaría el secretario de Estado John Hay, sancionaba el viraje en la política estadounidense en pro de la Construcción del Imperio tropical.

El futuro de Puerto Rico quedaba supeditado a los Estados Unidos, puesto que lejos de lograr la independencia quedaría bajo la dependencia de Washington. La ley Foraker de 1.900 autorizaba al Presidente de EE.UU a nombrar el gobernador de la isla y mas adelante la Ley Jones de 1917 confería la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños.

En el caso de Cuba, EEUU se orientaría a situar la isla bajo su orbita a través de mecanismos indirectos.

ELihu Root presentaba en enero de 1901 propuestas inspiradas en el sistema de Protectorado que regulaba las relaciones entre Gran Bretaña y Egipto; resultado de ésta fue la enmienda Platt promulgada en febrero de 1901, donde se transforma la soberanía cubana en una prolongación del sistema nacional norteamericano.

Paternalismo propio de imperialismo concretado en la Constitución de 1902 que limita la soberanía de Cuba en ese sentido, y se explicita la cesión de la base naval de Guantánamo a los EE.UU.

Después siguieron interviniendo en Colombia hasta que ante la resistencia de Bogotá a aceptar las condiciones norteamericanas conduciría a la solución de la fuerza, la política del big stick. En la provincia de Panamá estallaría una revuelta independentista, respaldada y promovida desde Washington y reforzada con la presencia de efectivos navales y terrestres norteamericanos. De inmediato Washington reconoció la independencia de Panamá, y un 1903 se firmó el tratado entre USA y el Estado de Panamá, donde se garantiza a los norteamericanos el control de la zona donde debía construirse el canal, incluyendo una zona de 10 millas alrededor del mismo, a cambio de un montante inicial de dinero y una renta anual por la explotación del mismo a Panamá.

El canal vio la luz el 15 de Agosto de 1911.

¡No paraba de brindar con champán la masonería internacional!