Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

Los invisibles

La querencia de los búhos. José Jiménez Lozano. Ediciones Encuentro. Precio: 18 €.
La querencia de los búhos. José Jiménez Lozano.
Ediciones Encuentro. Precio: 18 €.

No sabía, cuando compré este libro, que iba a ser el último publicado en vida por José Jiménez Lozano.

Saldrán más, vendrán otros, pero ya no será lo mismo; con don José se nos han ido las mejores historias.

La querencia de los búhos reúne 28 relatos de diferente extensión y hechura, algunos de una sola página. Estas historias siguen enseñándonos a mirar la vida; Jiménez lozano tiene ese raro mérito. Pero es la vida menor, la que pasa desapercibida, aquella que parece invisible y nadie recoge y se olvida. No es nada extraordinario, es la vida que pasa a diario a nuestro lado, pero no la vemos porque el foco ―social, político, estético, etc.― está puesto en otra dirección.

El primer relato, del que el volumen toma el título, es tan singular y hasta simple, si se quiere, que se queda uno pasmado: es la vieja querencia de unas aves nocturnas de anidar en iglesias y de seguir haciéndolo en generaciones sucesivas aunque la iglesia esté en ruinas, «pero esos bichos allí estaban con sus ojos como con gafas anchas de aros de oro, tranquilos y asombrados; y por algo sería esa querencia que tenían, y ya no tiene nadie en este mundo, más que ellos», esa querencia, digo, es el viejo consuelo de la memoria, de volver por los caminos donde una vez entendimos el mundo. Casi todos estos relatos son recuerdos de infancia, historias a las que la imaginación vuelve y nos los ofrece convertidos en cuentos de sencilla y cristalina transparencia. Los ojos, con los que el autor contempla a estos personajes y sus pobres vidas, son de una mirada vieja, llena de sabidurías y decires antiguos.

«Remedios y aflicciones». Uno de los relatos de mayor aliento, es un prodigio de detalle y sabiduría en el submundo de la corte de Felipe IV y su heredero Carlos II, donde la regente Mariana de Austria maneja con solvencia y habilidad las riendas del reino. Protagonizan esta historia esas figuras menores de palacio en las que nadie se fija y a las que nadie ve: hombres y mujercillas de placer, que se decía, bufones, enanos y dominguillos que con tanta dignidad retratara Velázquez, que daban palique y divertían a los reyes en la corte. Aquí son los enanos Ramoncillo Terciado y Catalinilla de Consuegra, muy próximos y de toda confianza de Felipe IV, los inolvidables protagonistas de esta insólita y maravillosa historia.

Hay dos relatos minúsculos, «La condenada» y «La lluvia», donde el autor se detiene en esos seres que pasan por la vida sin ser notados. Una niña condenada con su madre por iluminadas, por las denuncias de un vecino mayor al que su madre se la negó en matrimonio; y, en el segundo, una infeliz boba de pueblo, con los ojos más limpios y brillantes del mundo.

«El responsable» es una profunda reflexión sobre la Semana trágica de Barcelona (1909) vista, y aquí radica su singularidad, desde la perspectiva de un personaje menor, Marianín, el tonto del pueblo, que una banda anarquista utiliza para sus «recados» a conventos e iglesias y que terminará fusilado por aquel baile macabro (históricamente documentado) en una plaza al son de una pianista contratada para la ocasión, con la momia de una monja desenterrada, hasta que se le fue deshaciendo en pingajos entre los brazos. El relato, desde una pasmosa sencillez narrativa, es un prodigio de penetración psicológica de una fuerza colosal.

«La invitada» es una breve historia de miseria entre vecinas mayores que viven solas y una de ellas no tiene qué comer. Emociona su verdad, de una descarnada actualidad a día de hoy. «La dignidad humana» es una valiente e irónica denuncia contra esta sociedad y sus «Servicios Municipales de Atención a las Personas Mayores», que, contra su voluntad, recluyen a los viejos en centros y residencias por «dignidad humana».

«El domingo por la tarde» es un sorprendente e imaginativo relato donde se pone sobre el tapete una denuncia sobre la situación de esos emigrantes del Este que pululan por nuestras ciudades y pueblos haciendo de vigilantes nocturnos, temporeros o cuidadores de ancianos. La tragedia de unas vidas, cuya verdad y belleza es invisible, llena estas historias que Jiménez Lozano nos regala en este su último libro, poniéndolas de relieve, como queriéndonos decir que la vida también está ahí y hay que mirarla.