Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

Canto y cuento de soledades

Sin saber qué te espera. Jesús Aparicio González. Ars Poética. Precio: 12 €.
Sin saber qué te espera. Jesús Aparicio González.
Ars Poética. Precio: 12 €.

Jesús Aparicio no disimula sus magisterios y preferencias lectoras; antes, al contrario, procura asumirlas en su propia voz.

Sin saber qué te espera termina con una sección dedicada a la memoria del padre recién ido. Cuatro poemas transidos de dolor.

Después de una antología y un libro posterior a ella, el poeta Jesús Aparicio González (Brihuega, Guadalajara, 1961) regresa a las librerías con un nuevo volumen que da buena cuenta de su feracidad poética. Si en Huellas de gorrión compendiaba los siete libros publicados durante un lapso de quince años hasta 2017, La sombra del zapato aparecía un año después y Sin saber qué te espera lo hacía a finales del año pasado. Publicados todos ellos en Ars Poética, la compilación obtenía el premio Dulcinea de poesía que otorga cada año la Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha. Al hilo de aquella recopilación, José Manuel Suárez hacía una descripción de conjunto que continúa siendo perfectamente válida como carta de presentación: «poesía honda, intensamente lírica, atenida a lo de afuera para ir muy adentro, allá donde todo se sustancia y transfigura en alma propia y propia carne».

Un tono sereno y una dicción sencilla caracterizan el quehacer lírico de Jesús Aparicio, que no disimula sus magisterios y preferencias lectoras; antes, al contrario, procura asumirlas en su propia voz, integrándose así en la tradición sin afanes rupturistas pero evitando caer en lo meramente epigonal. Cierto tono machadiano, aprendido con provecho, es perceptible en sus nuevos poemas, así como cierta pedrería de cantares y sentenciosidad de coplas, junto a tributos a los más altos autores de la Generación del 27. No nos referimos tanto a deudas como a confluencias. Pero no sólo la mejor tradición española transparece en estas nuevas composiciones. Los primeros versos ―y no es poca la influencia del haiku en otros poemas―, por ejemplo, son un homenaje formal a la literatura japonesa.

Sin saber qué te espera se inicia con una tanka, ese haiku con estrambote, titulada «En mis zapatos», que refleja la esperanzada ilusión de la Noche de Reyes para que el año que comienza sea propicio. El libro, que puede leerse como un diario ―recoge los textos escritos durante 2015― termina con una sección dedicada a la memoria del padre recién ido: «Tras una despedida», cuatro poemas estremecedores en donde el poeta concluye al final, transido de dolor, que «la vida es todo para nada».

Entremedias, un conjunto de poemas en los cuales apenas pasa el tiempo, pues, como ha escrito Jesús Cárdenas, en ellos «se trata de profundizar en lo más adentro hasta encontrar el verdadero sentido de las cosas, el poder atemporal de la naturaleza frente al fluir finito del ser». Que ponen el foco en los milagros sencillos alrededor de la tierra y su contemplación. Hay mucho respeto por la naturaleza en este poemario, una atención extremada por las pequeñas cosas y el pormenor, a partir de la consciencia de que «una mota de polvo / en su insignificante quietud / es presagio y semilla / de una constelación de voluntades». Los ritmos del vivir, los días como palimpsesto y repetición, el andar sin dar un paso en que la monotonía acaba convirtiendo cada uno de nuestros ritos particulares, conviven con las raíces que echa lo perdido y los retoños de ese árbol de ojos eternos que es el olmo. «Somos», afirma un verso, «porque esperamos ser». En poemas como el que reescribe el motivo machadiano del olmo seco o en «Autobiografía de una taza» comparece de una forma latente y sutil, si no una religiosidad expresa, al menos una esperanza espiritual.

En Sin saber qué te espera se cantan con la misma naturalidad tanto el sabor del pan que ese sueño al que nos rendimos placenteramente sin tener la seguridad de despertar mañana, porque la vida es efímera, como a los olvidos que escriben nuestra biografía porque somos lo que olvidamos tanto como lo que recordamos. El hombre, un ser en el tiempo, entre el temor y la esperanza, la realidad y el sueño, con sus circunstancias de cada jornada: ese es el sujeto poético que delinean estos poemas sencillos y serenos, directos en su intención de dar canto y cuento de nuestras soledades.

 

Palabras
que son aire y el viento se las lleva.

Tras ellas yo no corro.
Me siento y en silencio
con la mano en la pluma, cual arado,
remuevo la memoria.

Soy hombre de palabra.
Muchas no.
Una y labrarla.

 

Recreo

Agua. Cerezas. Lectura.

Y en un rincón del patio
vida escrita a la sombra:

ejército de hormigas
trabajando en su nido.

 

De frente en la tormenta
Calla en el relámpago
del desamor.

Calla en el trueno
del odio y el desprecio.

Calla en la riada
de los gritos y las burlas.

Calla y espera
a verte en el espejo
de ese charco en reposo.

Una respuesta adquiere
verdadero sentido
cuando el miedo ha pasado.

Jesús Aparicio González