Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

Tan sólo conjeturar

Posibilidades en la sombra. Mariano Peyrou.
Pre-Textos. Precio: 10 €.

En el siglo III el filósofo Plotino trató de ofrecer algunas certezas sobre la vida; sin embargo, muestra la búsqueda, el deseo de lo posible.

Decía Paul Valéry que la poesía es una «vacilación entre el sentido y el sonido».

Mariano Peyrou, bonaerense afincado en Madrid, indaga –y nos propone a los lectores indagar– a través de las fronteras entre el pensamiento y el sentido en su última entrega lírica, Posibilidades en la sombra (Pre-Textos, 2019).

Vivir en la incertidumbre ante el deseo genera angustia. El poeta tiene la valentía de salir a explorarla. En el camino se describe el deseo: «Todo es aquí deseo», aunque siempre con las dudas puestas, ya desde la propia locución de duda repetida y que vuelve en espiral ensimismada: «Tal vez» hasta el «no sé». El título del libro nos remite a las expectativas en el terreno amoroso antes de que sea abonado, es decir, el momento de «la espera, no la esperanza». El deseo reside desde su inicio en la mirada: «mirar / es vivir, no hay vida sin mirada», una mirada que confía en lo que podrá venir, «con los ojos abiertos».

Interesa mencionar el juego de tensiones que en el poemario entran en conflicto: por un lado, el del fluir temporal: «el tiempo todavía no existe»; o «en tus ojos no hay tiempo / todavía; por eso no los puedo recordar», con tendencia a eliminar la frontera entre lo sucedido y el porvenir: «confiar / es desafiar al tiempo, estar en dos / momentos a la vez»; por otro, el diálogo yo-tú muta los conceptos (las heridas, el tiempo, el amor) porque varía el punto de vista: «cada vez que encuentras / algo, cambia tu concepto de búsqueda», propenso a eliminar la frontera entre lo real y lo imaginario: «como si las posibilidades / de vivir no fueran ilusorias».

Peyrou, dueño de una mirada extraordinaria, también descubierta en la novela Los nombres de las cosas (Sexto Piso, 2019) nos abre un mundo de probabilidades en este poema-libro. La mirada reinventa el proceso amoroso: «la palabra beso / cambia las cosas de lugar y nos / desplaza en el tiempo». Todo depende del alcance que nos fijemos: «No hay / nada al otro lado. / O tal vez / estemos tú y yo», donde no debe confundirse «el amor y la vida», aun siendo «una dimensión de la vida». La herida es trascendente porque proviene del pasado, una forma de dolor que siempre estuvo ahí pero que no late en el presente: «Una herida también es tiempo, paso / del tiempo y tiempo de detenido».

La confianza en la búsqueda interior le lleva a las tensiones con las palabras: «tal vez tenga miedo de las palabras»; «y yo pienso en la / herida de la que vienen las palabras». Las rigideces desaparecen cuando se halla la palabra precisa: «como cuando / estás buscando una palabra que no se te / ocurre y cuando se te ocurre / sientes una emoción, todo cambia de luz». Este será el hilo conductor del libro, pues los conceptos sometidos a paradojas e intercambiados entre las voces actúan sobre un microcosmos rico en imágenes y en sonidos, aunque la voz se empeñe en mostrar interés por lo verdadero, que aparece como eslabón «entre la belleza y la verdad». Pero como, cualquier otro concepto, tiene distintos enfoques: «entre la verdad y lo que se percibe / como verdad»; o «lo que yo veo bello es lo que me / hace ver cosas que no se ven».

En esta búsqueda impasible que nos brinda Mariano Peyrou en Posibilidades en la sombra consigue atrapar por su cadencia, por sus idas y venidas de los mismos conceptos y logra mostrarnos cómo si nos dejamos llevar por la emoción las fronteras se eliminan y las expectativas, por tanto, crecen. Tan sólo podemos conjeturar, escarbar en lo oscuro antes de llegar a la luz.

 

FRAGMENTOS

Tal vez, la espera consista en cerrar

los ojos, pero ahora quiero aprender a esperar

con los ojos abiertos.

                               (p.15)

 

Tú vives. Yo miro.

                        Pero mirar

es vivir, no hay vida sin mirada.

Cierro los ojos para seguir viviendo.

 

                               (p.19)

 

Lo que nos diferencia

                        no es que yo haya

pasado veinte años más que tú metido

hasta las rodillas en el río, veinte

años buscando dentro de tu ojo, sino

que en tus ojos no hay tiempo

todavía; por eso no los puedo recordar.

 

                                       (p. 21)

 

Corregir

el recuerdo y borrar las expectativas

es lo que desbarata el destino y el pasado,

lo que hace saltar por los aires las creencias

y confirma lo imprevisible, confirma que

lo que hay es sólo una probabilidad

bajo la luz entre diversas posibilidades

en la sombra. En el primer encuentro

no hay sorpresa. La sorpresa está en el contraste.

 

                                               (p.43)

 

Tal vez, como todo lo que nos

interesa principalmente para eludir

su ausencia, mi deseo aspire

a entrar en lo real y gastar la belleza,

a averiguar si toda revelación muestra

una verdad, a sentir la deriva sin salir

de tu ojo,

            con la certeza de no haber

aprendido nada y de estar cerca de todo

lo que se rompe y de lo que parece

no romperse nunca.

 

                               (p.48)

Mariano Peyrou