Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

Matar bien, un juego limpio

Obra maestra.   Lucía Santamaría Nájara.
Obra maestra. Lucía Santamaría Nájara.
Círculo Rojo. Precio: 16 €.

Una historia tiene la obligación de captar sin sombras de aburrimiento la atención del lector.

El secreto del género negro es ir dando fichas al lector e ir dando poco a poco pistas; nunca falsas.

Siempre resulta complicado reseñar novelas policiacas: no solo por el temor a chafar el misterio que oculta la trama, que a menudo basa toda su fuerza en el factor sorpresa, sino porque los autores noir en general se desenvuelven dentro de unas convenciones literarias propias: pocas descripciones demoradas, velocidad en el desarrollo de la acción, abundancia de diálogos, sentido emocional ascendente del argumento… El cuidado de la prosa se adecúa al desarrollo de una historia que tiene la obligación de captar sin sombras de aburrimiento la atención del lector, que en una alta proporción es un lector de género: un público incondicional y fiel que reniega del libro si se rebasan o no se alcanzan los parámetros de sus expectativas. No aburrir, no resultar lenta o previsible, tampoco llevarnos de la mano como si fuéramos niños. Una novela negra puede enseñar, pero lo único imprescindible es deleitar.

La escritora soriana Lucía Santamaría Nájara se estrenó en las letras, allá por 2006, con La justicia de Cambises, una novela histórica y social inspirada en la leyenda que plasmara el pintor flamenco Gerard David en un famoso lienzo que está expuesto en Brujas. Según aquella, el rey persa habría hecho despellejar a un juez prevaricador y tapizado con su piel la silla desde la cual, a partir de entonces, impartirían justicia todos los jueces. La novela nos llevaba a la época franquista y a un final sorprendente, tras un camino plagado de desapariciones y asesinatos. Ahora, en su quinta novela, regresa a una trama donde la muerte retoma el protagonismo y lo hace abordando el género negro sin ambages, un género que también aparece punteado de Historia, porque la obra transcurre entre Madrid y Roma ―prácticamente termina en el Pantheon―, y en el que se desenvuelve con una soltura admirable. Matar, mata muy bien Lucía Santamaría Nájara.

Además, Obra maestra deleita. Nos instruye en unos mundos en los que la autora ha tenido que investigar a fondo, como son el de los hornos crematorios y la cirugía plástica, las prótesis o los protocolos de actuación de los bomberos, pero nunca pierde de vista mantener la tensión de cualquier pieza canónica que se precie. Los elementos de la tramoya se disponen a partir de un acontecimiento alrededor del cual comienza a crecer la historia. No son sus primeras líneas, pero podrían serlo: «Ni la mente más enrevesada y cruel podría sospechar la truculenta maraña de sucesos macabros que se escondían detrás de un funeral aparentemente normal». A partir de ahí, se enhebran una serie de acontecimientos en los que están implicados la suplantación de personalidad, el amor filial y la resolución de un gran enigma suscitado, como suele ocurrir, por un minúsculo detalle. Nada más añadiremos que el punto de partida de Obra maestra se nos antoja semejante al que usó Román Piña en Sacrificio: el deseo de un autor (en este caso, presunto) por alcanzar el éxito literario a cualquier precio, esa obra maestra del título que tanto alude a la excelencia literaria como a un crimen perfecto.

En la gran confabulación que se plantea hay personajes que se desenvuelven por impulsos venales, por codicia y por el deseo de salvaguardar la memoria del padre. También, como no podía faltar, secretos ocultos, un trasquilador trasquilado, amistades rotas y una vida en suspenso. Todo ello se sirve en una progresión bien matizada, que nos trata como a adultos, porque, como se dice en la propia obra, el secreto del género negro consiste en esto: «Entregar las fichas al lector e ir dando poco a poco pistas, pero nunca falsas: un juego limpio». En implicar la confianza del lector hasta que crea que tiene al alcance la resolución del misterio, en un crescendo de tensión e intriga, para cerrar la partida con la última pieza, la que cierra la partida y gana.