Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

Las palabras de la tribu

Defensa de las excepciones. Andrés García Cerdán.
Editorial Visor. Precio: 12 €

Defensa de las excepciones se plantea como un combate contra la uniformidad y a favor de los márgenes.

Poesía eléctrica, oponiéndola a la que llamaríamos, acústica.

«En las lenguas del sur es el comanche / aquel que siempre quiere pelear». Los que apenas son un puñado de hombres diseminados por los siglos como símbolo de resistencia, llamando por su nombre a la flecha que lanzaron y luego buscan para volver a emplearla y seguir defendiendo su excepción. Con este poema dedicado a los guerreros comanches podría haber comenzado su último poemario Andrés García Cerdán —y de alguna manera lo hace pues a él se alude en la ilustración de la cubierta—, si no fuera porque el autor puso como encabezamiento otro, titulado «Sobre el error», con mucho tino, pues acaso es uno de los mejores del volumen. En él, el sujeto poemático se presenta y nos da la clave sobre la que está compuesto este libro que se alzó con el Premio de Poesía Hermanos Argensola 2018: los errores, cuanto se sale de la pauta, los «íntimos engranajes de lo fallido» son acaso lo que mejor nos describe a todos como seres y nos individualiza.

Andrés García Cerdán (Fuenteálamo, Albacete, 1972) es un poeta al que atendemos desde Barbarie, que apareció en la colección Adonais en 2015. Su siguiente libro, en Reino de Cordelia, Puntos de no retorno, estaba planteado como un lugar donde confluían distintas influencias y se dejaba sentir la necesidad de nuevas formas de expresión, tanto de la palabra como del propio yo. En él se presentaba ante los lectores un autor capaz de hacer convivir entre unos mismos versos a Claudio Rodríguez y a los Rolling Stones, al siglo de Pericles y a los Ramones, a Swedenborg y el «underground». Alta cultura y pop en alegre coyunda que en absoluto chirriaba, pero a la que quizá se le apreciaba entre las costuras la voluntariedad de fusionar clasicismo y contracultura. Para uno, los mejores frutos de aquel árbol eran aquellos que estaban libres de esa pulsión. Uno de ellos, titulado «Rebeco», precisamente ya dejaba entrever ese mismo espíritu de rebeldía que ahora aparece simbolizado en los indios. «Lee en sus ojos», nos ordenaba, «la llamada mortal de lo salvaje».

Defensa de las excepciones es una obra de madurez. Desde su reivindicación de lo espurio y su rechazo de las certezas absolutas, desde su concepción de la literatura como autoconocimiento, desde su desvelamiento de las fracturas de la realidad convencional, se plantea como un combate contra la uniformidad y a favor de los márgenes, esas «formas oblicuas del vivir». No faltan en él los reconocimientos a los poetas afectos al escritor, como Charles Simic, Anne Sexton o Rimbaud, ni los textos que versan sobre el mismo acto de la escritura, que viene a ser un tema reiterado en sus intereses como autor. Pero todo se inclina hacia esos lugares donde la vida es más viva: las periferias de lo normal y asumido como estándar, el extrarradio de la humanidad. No teniendo este poemario un hilo conductor visible, como ocurría en los anteriores suyos, la excepcionalidad temática de cada uno de los poemas va sumando hasta lograr un efecto global muy notable en la conciencia del lector.

Nos atrevemos a aventurar una hipótesis sobre el magnetismo que desprende la poesía de nuestro autor. En algunas ocasiones, él mismo ha hablado de poesía eléctrica, oponiéndola, digamos, a la que llamaríamos, siguiendo el símil, acústica. Poesía rock, amplificada, de gran sonoridad, por lo tanto. Si en las letras de las canciones de la «música surf» siempre había cosas en movimiento, en muchos de los versos de García Cerdán hay vibración y temblor, agitación e incandescencias, vitalidad y ritmos que siempre aparecen ecualizados tras pasar por el filtro del pensamiento: vientos, balas, una nueva Dafne que huye de sí misma sin alcanzarse ni detenerse nunca… «Lanzar al aire la palabra / y que en el aire gire», nos refiere en unos versos que acaso tienen algo de poética.

En «Los otros», cuyas primeras líneas son «Contra la horrible semejanza / de todo /oponemos el cuerpo, / donde aún pasan cosas increíbles», acaso se halle otra clave para entender la atracción que ejerce esta poesía. Su último verso, tras reivindicar la rareza, expone: «Somos los otros». Ese «otros» es tan sólo una parte del «nosotros» en que se reconocen, gracias a las habilidades del poeta, bien como generación, bien como tribu, muchos de los lectores.

 

DESPUÉS DE TANTO TIEMPO

Sin aparente explicación,
me hacen
feliz algunas cosas,
             por ejemplo

las huellas de los pájaros
que inspiraron a Cang Jie la escritura,

lo que apunta Platón:
La lengua es el diálogo del alma
consigo misma,

el silencio elocuente de lo que no decimos,

el temblor mínimo
que descubro en tus labios
cuando hablas de vernos otra vez.

Andrés García Cerdán