Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

La insoslayable necesidad de ser otro

La señora Osmond, John Banville
La señora Osmond, John Banville
Ed. Alfaguara, Precio: 20,90 euros

En primer lugar, tengo que admitir que, entre la lectura del libro (La señora Osmond; Alfaguara, ya lleva varios meses en el mercado) y la redacción de este artículo, leí otras, variadas y ajustadas, referencias sobre la novela, que ya había sido bien explicada por el propio Banville en múltiples entrevistas. Destaco, porque en ella está la esencia de la relación subjetiva y literaria de dos magos de la palabra como son el propio Banville y Henry James, la de Karina Sainz Borgo para la revista Zenda el 2 de junio de 2018. La recomiendo a todos aquellos que quieran vagar por las sombras que iluminan los designios de la literatura; un viaje del que no se arrepentirán porque, a no dudarlo, acabado el viaje, habrán leído la novela. Después de esta confesión y ante la obvia impresión de que todo ya está escrito sobre La señora Osmond y de que todos los interesados ya saben que la novela de Banville es la continuación de la novela "Retrato de una dama" de Henry James y que, por lo tanto, insistir en ello sería repetir lo que otros ya han descrito, quizá con más sabiduría y conocimiento, debería callarme y pasar a otra cosa.

Sin embargo, amantes del placer de la lectura así como de otros placeres que tienen mucho que ver con ella, no podía dejar que Epicuro, la revista de los grandes placeres, en su lanzamiento, prescindiera de un nombre que ha sido y es referencia inexcusable de la cultura de los últimos años. De tal manera que no he podido resistirme a la tentación de hacer algunas consideraciones que, sin duda, emergen de mi admiración por el escritor irlandés; admiración que ya he probado en otras ocasiones y, que más allá de la nitidez de su prosa, la lección de la palabra justa para dar en la diana de las emociones, el estilo sin concesiones, reside en su necesidad de ser otro, aun en el caso de que en esa determinación surgiera de la loable necesidad de rentabilizar el talento.

Siempre pongo un ejemplo a este respecto: Bernon Sullivan, escritor de largo alcance, jazzista y vividor, creo un alter ego, Boris Vian, con un propósito crematístico, loable también, ya conocemos las penurias del ejercicio de la literatura. Pues bien, fue Boris Vian quien escribió las mejores novelas de Bernon y fue quien le reportó fama internacional sin que su escritura se resintiera. ¿Quién en su vida ordinaria no ha sentido la tentación de transmutarse en otros personajes sin necesidad de recurrir a los sueños, volanderos e independientes¿ ¿Quién no ha querido vivir otras vidas, aventurarse en espacios y paisajes imposibles en el mundo donde les ha tocado comparecer? ¿Quién, después de leer una gran novela, una de esas novelas que te cambian la vida, no ha deseado que la novela no terminase nunca y, ante la imposibilidad de que eso ocurra, la leen y releen buscando otros caminos y, en último término, otros finales?

El escritor, que deambula siempre entre la vida y la ficción, tiene esa posibilidad y, en algunos casos, la aprovecha, sin por ello perder ni una gota de su identidad. En ningún caso significa esconderse en un disfraz ni en colocarse una careta, ni en escabullirse de sus obligaciones literarias. John Banville creó a Benjamín Black para descansar de sí mismo y las novelas de éste surgen con el mismo fulgor que las de Banville, porque en el fondo ambos son el mismo y el talento se repite y diversifica, como no podía ser de otra forma. No contento con eso, Banville se cuela en los mundos de Chandler, primero y, en segundo lugar, de James, consiguiendo que sus obras duren más, incluso que tengan distintos finales, sin perder su identidad, como si fuera un lector agradecido más; que sin duda lo es.