Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

OS EIDOS Viaje al centro de la poesía

La literatura en Galicia es una de las sorpresas más agradables que me he encontrado los últimos años.

Sensibilidad, revolución, ruptura, atrevimiento, calor, fuerza, imagen, pertenencia…

Con la última curva aparecieron algunas casas y algunos coches, aparcados entre los helechos y los carvalhos de la orilla de la carretera. Parada es un lugar perdido en la inmensa sierra de O Courel, en el interior salvaje de Lugo. Entre barrancos, ríos, castaños, pequeños puentes y luz que va y viene, esta aldea, estas casas diseminadas, construidas hace siglos al amparo de la naturaleza, integradas en ella, hablan en el lenguaje del tiempo y el amor. “As funcións da linguaxe non se definen pola comunicación senon polo principio do prazer” nos recuerda Chus Pato en Na lingua das bestas. Siguiendo este rastro de gozo, esta lujuria de símbolos y bosques, la primera persona con la que me encontré fue Zeltia Irevire, tribal, folk, que venía rubia, con sus rastas, hacia alguna de las tiendas de campaña clavadas en la hierba. Había llovido algo para darle a la mañana de finales de agosto su recuerdo de las nubes, su humedad. Por un camino barroso llegué a la sede de la Fundación Uxío Novoneyra, que acoge el legado del poeta de Parada, el poeta que regresó a su casa de la infancia para escribir Os Eidos El Libro del Courel. En su honor se celebra desde hace unos años el Festival dos Eidos con propuestas de poesía, poesía escénica y arte experimental. Las cantigas se dan la mano con las performances haciendo de la lengua gallega el tesoro que es. Muy diferentes propuestas, unidas por el mundo subversivo, natural, radiante de Uxío Novoneyra. “Chove pra que eu soñé” se lee escrito en una vieja puerta. Los hijos del poeta, su familia, algunos poetas se afanan en la organización de estas jornadas increíbles, de este sueño. Conciertos en los viejos corrales, proyecciones audiovisuales en la planta superior de una pequeña escuela abandonada, de suelo de madera, exposiciones fotográficas en las habitaciones que antes fueron cuadras o graneros y que han sido recuperadas y preservadas en su más estricto glamour. Hay también una librería con los libros de Novoneyra y algunos otros poetas y artistas cercanos, por ejemplo, Méndez Ferrín o Carlos Oroza, quien pasó aquí largas temporadas. En ese espacio, lejos del bullicio, está Jaro da Silva, leyendo. Nieves Neira me hace de guía por las dependencias y me explica la idea de los “eidos”: campos, lugares cercanos a la casa familiar, aquellos que se reconocen, con los que se mantiene una relación íntima, los que dejan de ser naturaleza en estado puro para ser parte de nosotros y hablar de nosotros.

He llegado hasta este lugar remoto de poesía y amistad, de vanguardia y de tradición telúrica, insondable, invitado por Martita, espoleado por Chus Pato, acogido por Nieves Neira. Al llegar, la acogida se multiplica. Uxío, hijo del poeta, me muestra la casa, la mesa donde su padre escribía y algunos de sus libros. Es una estancia espectacular en su sobriedad y en su encanto. Allí encuentro al poeta Pablo Fidalgo, con quien las confidencias y la crítica de la poesía contemporánea se prolongan durante la comida y la sobremesa.

La literatura en Galicia es una de las sorpresas más agradables que me he encontrado estos últimos años. Hay un movimiento precioso, vivo, abierto de escritura y de arte que hace de la poesía en lengua gallega una de las experiencias estéticas más subyugantes que se pueden encontrar en el disparatado panorama de nuestras letras. Hay sensibilidad, revolución, ruptura, atrevimiento, calor, fuerza, imagen, pertenencia, la más hermosa marginalidad. Nieves explica que quien escribe en gallego lo hace sobre una lengua al límite, una lengua maravillosa que pierde hablantes. Quizá por esto las experiencias creativas alcancen un valor más alto. Quizá por ello no haya complejos ni salvaguardas en la explosión lírica de este momento. Algunas antologías recientes recogen este fervor en la estela de poetas como Álvaro Cunqueiro, Luis Pimentel o Manuel Antonio. Los caminos se abren en editoriales como Chan da Pólvora y germinan en nuevas voces de indudable interés: Olga Novo, Míriam Reyes, Pablo Fidalgo, Lara do Pazo, Gonzalo Hermo, Paula Antías, Olalla Tuñas, Francisco Cortegoso, Montserrat Villar, Raquel Vázquez... Chus Pato ejerce de hada madrina, de meiga incendiaria, en las nuevas generaciones, más allá de su Galicia. La figura legendaria de José Ángel Valente resuena entre las encinas.

La escritura en gallego, por supuesto, adquiere muy diversos perfiles en este bendito neorexurdimento: el discurso desatado, lo irracional, lo meta-poético, lo bíblico, el naturismo, la resistencia, lo visionario, lo underground… Poesía como las rías, con su parte de océano, con su aventura de ultramar en el lenguaje, y con su parte de río, con su herencia y su decantación de las tierras mágicas, profundas, verdes de Galicia. Un corazón muy grande, muy verde. Una libélula que viene a posarse en un muro de piedra y que después despega para perderse entre los arbustos fulgurantes de la modernidad. “E os anxos / para morrer / bican as miñas manos” escribe Chus. Que los ángeles besen y sigan besando estas divinas manos y estas lenguas sin final.