EPICURO: Nunca será bastante (poemas de casi amor), editado en La Garúa Poesía, es una antología temática y es un libro nuevo, con bastantes composiciones inéditas.

FERMÍN HERRERO: Realmente el libro es un empeño del editor y poeta Joan de la Vega, al que no conozco en persona y con el que nunca he hablado; nuestra relación es sólo epistolar, y escasa. El caso es que hace tiempo me propuso reeditar mis tres primeros libros publicados en Hiperión, al parecer descatalogados, pero no le veía mucho sentido al asunto e incluso se me fue de la cabeza, pero el verano pasado se me ocurrió por curiosidad reunir los poemas que había dedicado a lo largo del tiempo y de los libros a mi mujer. Una vez compuesto, digamos, me acordé del editor de La Garúa, se lo propuse a cambio de su idea inicial y para mi sorpresa aceptó de inmediato.

E: El amor es uno de los cuatro o cinco asuntos eternos de la poesía. A tenor del libro, entiendo que no lo ves como materia de juventud. Incluso, según la cita de Friedrich Schlegel con que lo encabezas, como un medio para conocer la naturaleza.

FH: El amor es algo de tan elevado, inalcanzable, un estado de gracia muy difícil de lograr y aún más de mantener en el tiempo.

En todo amor de pareja, por ceñirnos al motivo del libro, cuando menos en el mío, siempre queda la sensación última de que es un rondar sin descanso ante lo impenetrable del ser y de que no hago nunca lo suficiente por negar o, como mucho, limitar mi egoísmo. Y luego está aquello de Agustín García Calvo, «libre te quiero», que hay que tratar de preservar por encima de todo; decía Lévinas, a mi escaso entender el filósofo decisivo de nuestra época: «En el amor, lo esencial no es que hay unión de dos seres, sino que hay dos seres».

En sentido general, desde mi juventud me acompaña el Ars amandi y el Remedia amoris de Ovidio en la antiquísima edición de Carlos García Gual. Cómo olvidar su empiece: «Si alguien en Roma ignora el arte de amar, lea mis páginas y ame instruido sus versos. El arte impulsa con las velas y el remo las ligeras naves, el arte guía los veloces carros y el amor se debe regir por el arte». También me atengo, en lo personal, a aquello de Epicuro de que «para quienes son capaces de reflexionar, el equilibrio estable de la carne y la confiada esperanza de conservarlo conllevan la dicha más grande y segura».

E: En mi opinión, hay bastante repensar el amor, en todas sus etapas, desde el amor primero al que ya es veterano y ha sufrido la erosión del tiempo. Del vivir al haber vivido o vivirlo transformado en otra cosa.

FH: En efecto, porque el libro está concebido a la manera de los cancioneros petrarquistas, cometí esa osadía al ordenar los poemas de manera diacrónica, desde que conocí a mi mujer y cuajó el noviazgo, que sería lo correspondiente a la parte inicial, titulada por eso Paralaje, hasta el momento actual, más de treinta años. La configuración es aproximada, claro está, al margen de cuándo fueron escritos los poemas y cuándo se publicaron.

Con ese planteamiento, es lógico que recorran grosso modo las diversas etapas de una relación amorosa, desde la pasión arrebatadora de partida, que en mi caso, supongo que, sin duda tornasolada por la erosión del tiempo y la convivencia, se mantiene, hasta el arraigo en la plenitud, la descendencia y la ternura, tal vez, junto a la entrega incondicionada, el punto culminante del amor.

E: En un verso hablas de «lo mucho que te debo y que me callo». ¿Imposibilidad del decir, limitación de pudor? Quizá no deban confundirse, como le ocurre a algunos poetas jóvenes, lo amoroso y lo confesional.

FH: Como la anterior, al internarse en la naturaleza de la relación amorosa propiamente dicha, esta es una pregunta que requeriría matización tras matización, cuando no constantes rectificaciones. En sentido general, pienso ahora que el sentimiento amoroso, que mueve el mundo, y, del mismo modo, el individual, no puede expresarse de ninguna manera, cuando lo he intentado sé que actúo no como un demiurgo sino como un taxidermista, que diseco lo vivo (El taxidermista es justamente un proyecto antiguo de libro al que vuelvo de vez en cuando), de ahí el subtítulo Poemas casi de amor. Además, hay que tener aún más cuidado con este tema; creo que George Bataille llevaba razón cuando opinó que de nada es más difícil de hablar que de lo que amamos. De poder hacerlo, conviene tener siempre presente una puntualización de Silvia Baron Supervielle en sus anotaciones La línea y la sombra: «No se entra en los ojos del ser amado. El amor carece de puerta: ofrecería mi vida por encontrarla».

Por otra parte, en la relación de pareja en concreto, para mí la limitación no es el pudor (en cuyo caso no hubiese publicado nada al respecto) sino el respeto a la intimidad del otro, tan olvidado en nuestros días, pornográficos en este orden de cosas, por no decir denostado como algo antiguo, sólo hay que ver la polémica entre Víctor Erice (que a mi juicio llevaba toda la razón del mundo) y la joven novelista, a la que apoyaron para mi estupor muchos escritores del gremio, que se apropió de la vida de Adelaida García Morales.

Eso sin contar la vergüenza que me producen mis actos, nunca olvido aquella especie de aforismo del injustamente postergado Diego de Torres Villarroel, a mi juicio uno de los escritores más lúcidos de nuestra tierra: «Todos son contrarios nuestros, no hay más amor que el propio». Me temo que en el fondo el salmantino estaba en lo cierto, al menos en lo que a mí respecta.

E: Como antología, sin más, ¿crees que ofrece una perspectiva global de toda tu trayectoria? Me parece que ha habido esa intención por tu parte, seleccionando muchos poemas de tus primeros libros, aquellos en los que aparecían otros magisterios a los del poeta actual.

FH: Pues sí, está muy bien visto. Al cabo de tantos libros y años he ido evolucionando, desde una poética compleja, que extremaba referencias y aperturas semánticas, nunca hermética, ése era para mí el límite, a la presente, más o menos, alejada de toda retórica, que busca la sencillez, con la esperanza de que la renuncia estilística no lleve aparejada la pérdida de hondura.

Por eso los primeros poemas tienen mucha más carga de significado y de recursos de todo tipo, mientras que en los últimos espero que se note que me he desprendido de toda literatura en la medida de lo posible. Y como el despojamiento ha sido progresivo, a la par que prosperaba y maduraba mi relación amorosa, bien puede decirse que se visibiliza mi trayectoria poética, de haberla.

E: Teniendo en cuenta esta selección, en la que por ejemplo nada más aparece un poema de Sin ir más lejos, premio Nacional de la Crítica en 2017, o que en 2018 recogiste en Fuera de encuadre poemas que llevaban bastante tiempo reposando en un cajón, está claro que no renuncias a ninguna etapa de tu obra. ¿Un ejercicio de coherencia a través del tiempo?

FH: Sólo hay un poema de Sin ir más lejos en función de lo que te decía antes: es el único que incide en el amor hacia mi mujer, sin embargo abundan los de Fuera de encuadre, publicado después por circunstancias que no vienen al caso pero muy anterior en su escritura, y bien que se nota en virtud de lo que acabo de explicar de mi «evolución», porque es un libro que rescata aquellos momentos del pasado que por algún motivo se quedaron en mi memoria fuera de campo.

E: De alguna manera, cualquier antología es una confrontación con el joven poeta. ¿Cómo lo ves ahora?

FH: Bueno, en relación con esto y con la segunda parte de la pregunta anterior que no te he contestado, soy distinto y el mismo. Eso por un lado; por otro, a lo hecho, pecho, asumo todo lo que he publicado, para bien o para mal. Y entre mis lectores, por fortuna escasísimos si bien inmejorables, hay de todo, a algunos les gusta más mi arriesgada escritura de los inicios y otros prefieren la reposada de mi madurez, digamos. En cualquier caso no hay en Nunca será bastante, debido a que no había en ellos ningún poema que se correspondiera, temáticamente, ni rastro de mis primeros libros, que publiqué muchos años después de Anagnórisis pero que escribí antes.

Amor: reconocer. La búsqueda.
Gozar al despojarse. Y aceptar
el cobijo. Y acoger. Darse.
Llevar al otro siempre, siempre.
Y nunca: no adueñarse, ni obligar.
Comprender el silencio, comprender
la soledad del que nos vive.
Sus sombras comprender,
y lo sombrío. Amor:
tener al desprenderse.

(Inédito)

Fermín Herrero

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