Donde siempre es medianoche. Luis Artigue.
Editorial Pez de plata. Precio: 21,90 €

Leyendo Donde siempre es medianoche, uno tiene la sensación de hacerlo entre un ruido retórico, de fondo, un hilo musical o una televisión encendida en el piso de al lado, y el estruendo concreto de una pelea de amantes u otro tipo de reconciliación entre viejos enemigos íntimos que sucede tras la pared de al lado.

Como si no estuviera solo el lector, sino en medio de una batahola de voces que se increpan, ora lanzándose acres filosofías, ora arrojándose incisivos venablos. Es tal la potencia verbal, humorística y neurótica de una narración que por momentos parece desquiciada, que el disfrute está asegurado.

«El Sabueso Informativo, un fotodetective hipocondríaco que investiga noticias de gran repercusión, acaba de ser enviado a Silenza (Italia) para que documente los efectos producidos por cierto fenómeno sin precedentes: hace casi un año que no amanece en la ciudad. ¿Por qué los científicos ocultan las razones de la noche perpetua? ¿Dará el sabueso con el paradero del premio Nobel de astrofísica que trabaja escondido en la ciudad? ¿Descubrirá la verdadera identidad de Anticristo Superstar, el líder de una peligrosa secta apocalíptica de bebedores de sangre?», nos dice desde la contracubierta el paratexto, anunciándonos algo así como un híbrido entre noir y género gótico, que además tiene algo de novela-cómic puesto que se nos presenta ilustrada por el dibujante cántabro Enrique Oria.

La quinta novela de Luis Artigue (1974), poeta y narrador, sucesora de la estupenda Club La Sorbona, que se alzó con el premio Miguel Delibes a la novela del año, incide de nuevo en algunos de los estilemas que configuran la prosa de Artigue: surrealismo, oropeles verbales y un humor ácido que hace de conductor al pensamiento. Si aquella entreveraba lo rural con el onirismo, en esta se aparean en alegre coyunda lo urbano con el psicoanálisis, entendido como posible fuente de comedia. Resultan hilarantes las intervenciones que mantiene en el transcurso de la narración, a través de notas manuscritas, el psicoanalista del periodista de investigación, personaje principal junto a la inquietante Elisabeta, la única con nombre propio en el libro, pues los caracteres femeninos tienen una importancia primordial en la obra de Artigue cualquiera que sea el género en que se exprese. Recurso aquel, el de las notas manuscritas con las que dialoga el protagonista, que acaso proceda de las Memorias de ultratumba de Chateaubriand, donde el escritor francés hizo algo semejante cuando intercaló, con la suya, la visión de su ayudante Julin, que también llevaba un diario de viaje paralelo del que se sirvió el escritor para poner contrapunto a su mirada.

Más allá de la delirante trama, repleta de regates imaginativos y que nos sostiene expectantes hasta su final, incluso sobrevolando los abundantes momentos de humor, hay un arrollador hilo de reflexión que atraviesa el relato, dejando ideas sobre nuestro tiempo, aunque el de la novela sea una distopía, una sociedad imaginaria y futura. La acción se nos presenta en un mundo desorientado, que vive en crisis económica y emocional, estableciendo un claro paralelismo con la sociedad primermundista actual, aquejada de un «eclipse físico y un eclipse materialista e inmoral», necesitada de mesías y autos de fe, corderos a los que poner ante el carnívoro cuchillo de las masas intransitivas e indignadas. La amenaza de un regreso a la caverna, a la pulsión animal y a lo más tenebroso que oculta el inconsciente humano, está presente en esa comunidad fantástica con resabios medievales. No le hará falta al lector irse muy lejos, seguramente, para encontrar retazos de actualidad o guiños con nuestro presente, y, en este sentido, se trata también de un relato político. Subversivo y heterodoxo. Mucho más de lo que puede parecer en una lectura somera. Entre el terror y la gracia, a poco que se piensa.

En definitiva, Donde siempre es medianoche es otra buena y sólida novela de Luis Artigue. Quizá resulta perceptible en algún instante que el autor no rige férreamente los designios de la trama, sino que es conducido por ella con el beneplácito del que se deja amaestrar por una psicosis… pero a beneficio del lector. Del humor y de la inteligencia. De la carcajada y de la reflexión. Chispeante.

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