¡La catarsis es el elemento central del modelo terapéutico teatral!

“Unimos los radios en una rueda,
pero es el agujero central
lo que permite que el carro se mueva.
Torneamos la arcilla para hacer una vasija,
pero es el vacío interno
lo que contiene aquello que vertemos en ella.
Hincamos estacas para construir una cabaña,
pero es el espacio interior lo que la hace habitable.
Trabajamos con el ser,
Pero es el no-ser lo que usamos.
(Lao Tzu, Tao Te King)

El teatro espontáneo comienza en la Viena de los años 20 de la mano de J.L.Moreno, como una nueva forma de psicoterapia que pretende sanar mediante  la re-creación de una historia grupal. Moreno concibe la práctica psicológica como un espacio de experimentación,  alejándose del tradicional modelo psicoanalítico.

Él mismo apuntaba en alguna ocasión “doctor Freud, yo comienzo donde usted termina”. Este modelo moreniano  pretende crear un espacio terapéutico  basado en  las relaciones personales, alejándose de algún modo de la introspección personal  del psicoanálisis. En el teatro espontáneo los  actores son asistentes terapéuticos que dan “vida” a la historia del narrador.

La compañía L´Impegnata pone en práctica este modelo terapéutico, cuyo nombre representa el valor esencial para este grupo formado por profesionales de diferentes ámbitos de lo social. La denominación L´Impegnata, de origen Italiano, significa compromiso, de manera que crea en la cuidad de Madrid un espacio para que los supervivientes de este mundo  individualista del siglo XXI, puedan  conectar con sus propias historias y escuchar las de otros. Mientras en la sociedad actual  cada vez cogen más fuerza los valores  egoístas, centrados en el yo, L´Impegnata  se compromete a crear un espacio para que un grupo de desconocidos puedan aprender de sí mismos de una manera diferente: debilitando el espacio que los separa del otro.

El teatro comienza a llenarse con el público, los actores, las actrices, y el director. El ambiente se caldea mediante pequeñas interacciones entre los asistentes. Público y compañía, juntos reconocen el espacio mientras caminan por el escenario, al tiempo que el director propone temas: “cuéntale a la persona que tengas delante algo que te paso ayer”; “sigue caminando y encuéntrate con otra pareja, coméntale  algo que te ocurrió hace 15 días”; “busca a otra persona. Comparte con ella algo que te hizo cambiar tu vida hace un año”. Después de este momento para conocerse, todos toman su lugar. El público vuelve a establecerse en las butacas que hay en frente y la compañía se sienta en las sillas que hay sobre el escenario. El director, al lado derecho de la escena, se recuesta junto a un sillón vacío.

El ambiente que rodea a la escena es algo lúgubre. Las paredes de la sala están pintadas de un color negro opaco y el espacio detrás del escenario se encuentra  oculto tras un gran telón de terciopelo, también negro. Mientras los actores,  vestidos con ropas oscuras, se mimetizan  con el espacio,  aparece de repente  una maleta vacía  abierta en el centro del escenario. El director  anima a los asistentes a llenar el espacio vacío de la maleta con  algún objeto del que puedan desprenderse durante la función. Así, unos cascos, unas llaves, un móvil, un reloj, una brocha de maquillaje y unos guantes pasan a ocupar un espacio en la escena dentro de la maleta. Estos objetos formarán parte del attrezzo de la escenificación.  Con voz pausada, mirando fijamente el sillón vacío que tiene al lado, el director invita a que este sea ocupado por alguien del público. “Este teatro, como podréis  comprobar, es un poco diferente a las que habéis visto antes. Aquí, no tenemos ni un guión, ni unas escenas preconcebidas. La historia de esta obra la debemos crear entre todos y todas. Si alguien se sienta a mi lado y relata lo que quiere ver representado, daremos comienzo a la función.” Un silencio empieza a recorrer la sala, que  solo es interrumpido por el ruido de pequeños codazos y algunas miradas que se brindan las personas del público que alientan a salir a sus acompañantes. Finalmente, alguien se anima a ocupar el espacio.

Así dará comienzo una sucesión de historias personales, aparentemente independientes, pero unidas en un espacio rebosante de personas dispuestas a escuchar. Una siesta interminable, un accidente de bicicleta, el primer encuentro con un futuro amor e incluso nuestro propio nacimiento. Aparecen sentimientos en la puesta en escena que le dan significado y sentido, favoreciendo el autodescubrimiento de cada uno de los participantes. Por otro lado, los actores y actrices deberán aprender a manejar los papeles que les otorguen los narradores de la historia. Sin tiempo apenas para asumir esta “etiqueta” tendrán que aprender a  manejarse con ella. Así, como en la vida real, los otros ven cosas en nosotros que quizás no queremos asumir, pero en el teatro espontáneo debemos aprender a jugarlos.

El público se convierte en protagonista de una historia propia y por medio un una catarsis activa se libera de sus conflictos. La catarsis es el elemento central del modelo terapéutico teatral. Coge prestado el término del teatro tradicional y lo adapta para su finalidad terapéutica, dando la oportunidad a los asistentes de revivir la escena con otros puntos de vista, les conduce  la acción a una sensación de alivio y liberación.

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