A pesar de no ser muy conocido, Juan Filloy, resultó muy respetado por grandes escritores como Borges o Cortázar.

Descubrí el gran nivel teatral del que disfruta la Córdoba argentina.

El VIII Congreso de la Lengua Española que se acaba de celebrar en Córdoba, Argentina, ha tenido un notable éxito de participación. Pero en el entorno del congreso se han celebrado más de doscientas actividades, también muy bien acogidas por el público, y entre ellas algunas de carácter teatral, a las que quiero referirme por su singular calidad.

La primera de la que quiero hablar, y a la que asistí en el Teatro Real gracias a la profesora experta en teatro Mabel Brizuela, es Trílogo Filloy.

Juan Filloy fue un escritor argentino –Filloy es apellido gallego- que, pese  ser poco conocido, resultó muy respetado  por grandes escritores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar o Juan José Saer. De vida longeva, no escribió teatro, pero a lo largo de su obra hay siempre un drama latente y una singular variedad de miradas.

En Trílogo Filloy se han unido tres historias: la novela “coral” Caterva (1939), considerada una de las piezas notables de la narrativa argentina, en la que un grupo de siete vagabundos ambulantes, anarquistas y ferozmente enemigos del sistema, emprenden un viaje hasta descubrir una especie de proyecto nazi; la novela también coral Ignitus (1971), en la que un heladero inmigrante, cuyo éxito empresarial acaba siendo desbaratado por el sistema, decide suicidarse con gas, produciéndose de modo fortuito una explosión que acaba con él y su familia;  y una  tercera novela totalmente dialogada, L´ambigú, (1982) en la que una pareja de críticos literarios, Elvira y Elvirus, afronta el embarazo de  ella…

Sin duda no fue fácil integrar tres narraciones tan diferentes  para formar la obra pero, a mi juicio, el resultado ha sido deslumbrante, de una extraordinaria calidad y eficacia dramáticas. Más de veinte actores y actrices conforman un elenco en el que tanto tocan instrumentos como bailan, manifestándose siempre con rotunda expresividad.  

La obra se desarrolla  a veces con aire de drama clásico, a veces en forma de comedia musical, en otras ocasiones desde la visión esperpéntica, y siempre imbricando con sorprendente acierto colectivo  las historias que le sirven de soporte, en una escenografía vigorosa que, con el apoyo de música, proyecciones audiovisuales y hasta juegos de sombras, suscita el embeleso del público. La puesta en escena y la dirección del complejo equipo técnico corresponden a Sergio Osses.

Hay que puntualizar que tanto la Compañía como el Teatro Real pertenecen a Comedia Cordobesa, una institución oficial de la Provincia de Córdoba vigente desde hace 60 años, que manifiesta un envidiable interés público por la cultura teatral y su difusión.

La otra obra que conocí esos días en Córdoba, también de la mano de la profesora Mabel Brizuela, en este caso muy implicada en la preparación de la puesta en escena, fue  Conferencia sobre la lluvia, de Juan Villoro.

Se trata de un divertido monólogo en el que un bibliotecario nos da una especie de “conferencia” mientras recuerda su vida sentimental. El texto es excelente y mantiene la tensión dramática, y por lo tanto el interés del espectador, durante más de una hora, con una escenografía de mucha calidad, donde el aspecto musical tampoco está ausente. El intérprete, que manejó con mucha destreza las innumerables facetas del monólogo, desde lo patético a lo grotesco,  fue Fabián Vena –director  también de la obra con José Luis Arias-.

Esta vez la representación se desarrolló en la Universidad Nacional de Córdoba. La diferencia, tanto del escenario como de los aspectos estrictamente técnicos, no obstante magníficamente resueltos, me hizo ratificar mi descubrimiento del gran nivel teatral del que disfruta la Córdoba argentina.

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