La hispanibundia. Mauricio Wiesenthal.
Editorial Acantilado. Precio: 20 €

Wiesenthal es un estilista de la palabra, con quien el placer de la lectura está siempre asegurado, así como el de la idea.

La hispanibundia es la energía vibrante que produce el español al vivir, ya se crea o no español, lo acepte o no lo acepte.

Pocos escritores hay tan finos como Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943), un ilustre «desconocido» casi, pese a que su profusa producción es considerada y bien recibida por sus iguales. Un escritor para escritores, cabría pensar, pese a que el autor español, de ascendencia alemana, ha tocado casi todos los palos: la novela en El testamento de Nobel, la lírica en Perdido en poesía, la biografía monumental en Rainer María Rilke y el ensayo en su magnífica Trilogía europea, compuesta por Libro de réquiems, El esnobismo de las golondrinas y Luz de vísperas. Un estilista de la palabra, con quien el placer de la lectura está siempre asegurado, así como el de la idea: sin temor a salirse del sendero trazado o a pisar lo sembrado, sus propuestas siempre resultan originales, de una elegancia insólita para lo que acostumbramos por estos lares, con clase. Si existiese una nobleza de la prosa, sin ninguna duda Mauricio Wiesenthal pertenecería a ella por méritos propios.

La hispanibundia. Retrato español de familia es un ensayo que entronca con las antiguas preocupaciones de la generación noventayochista, repensando la hispanidad, indagando en qué consiste el ser español, analizando aquella «vehementia cordis» o vehemencia del corazón con la que ya nos calificó Plinio. Para esa investigación, desde el principio se nos advierte, hay que aprender a captar eso tan sutil y volátil que llamamos «el aire». Y hay que aplicarlo desde la cubierta: un neologismo, el del título, a partir de la desinencia «bundus», la misma de tremebundo y moribundo, aplicada al sustantivo, produce la acertada invención de la «hispanibundia».

Un concepto nuevo para cuya comprensión no hay más opción que adentrarse en este ensayo, pero que el mismo autor aboceta así: «La hispanibundia es la energía vibrante que produce el español al vivir, ya se crea o no español, lo acepte o no lo acepte; ya se encuentre en el exilio forzado o pretenda ser extranjero en su patria y extraño a los suyos. La hispanibundia no es un rasgo premeditado, sino una expresión irreprimible de la condición de español, que se hereda más por pertenecer a una patria que por formar parte de una nación. Hasta el punto de que todos los pueblos de España—por muy atinados y sensatos que pretendan ser—se vuelven hispanibundos en cuanto se les toca el delirio quijotesco de sus bandos, la tarasca de sus localismos o el asunto descomunal de sus caballerías».

Son treinta y ocho catas o ensayos los que Wiesenthal dedica a meterse de lleno en la historia de España a la búsqueda de nuestra idiosincrasia y matizando aquellos rasgos con que se nos suele retratar. Para realizar ese boceto del carácter español se bucea en raíces arcaicas, en la religión, en las artes y los romances, los tipos del teatro y la pintura, en los actores de la política y en los sabios y héroes de nuestra tradición. Se analizan rasgos como la envidia, el caciquismo, el azar como motor de la historia, el hidalgo y el pícaro como figuras fundacionales, la cólera, la tauromaquia y el «sentido trágico de la muerte», el mesianismo que siempre radicalizó nuestras ideologías, la idolatría y populismo latentes en nuestra sociedad, el honor y el realismo, el impulso misional de nuestra cultura, los complejos, la identificación secular de la acción con la ética.

En un país de frontera como el nuestro, se atribuye un papel importante, en la línea del pensamiento de Américo Castro, a las minorías judaicas y musulmanas, pero también se combaten, por la vía del ejemplo, atribuciones o versiones de nosotros dictadas desde fuera, como la Leyenda negra americana o el papel femenino en la universidad, el machismo de cátedra. A muchos les sorprenderá descubrir —es solo un ejemplo de la variedad de datos que Mauricio Wiesenthal baraja en todos los ámbitos de su estudio— que en las facultades del siglo XIII en Salamanca no se ponían impedimentos de sexo para el estudio, que en Alcalá enseñó retórica una hija de Nebrija o que la primera mujer que accedió a una cátedra en toda Europa fue doña Emilia Pardo Bazán.

La hispanibundia. Retrato español de familia es un libro que responde a lo que anuncia en su título y lo hace con una prosa amena, elegante y documentada. El cuadro que nos presenta no es complaciente ni descortés: aspira a reflejar la realidad y por eso está pintado con la técnica del claroscuro. «Nuestra unidad no borró nunca nuestra diversidad», sostiene, pero también que «el drama más repetido en España fue la descomposición de su sociedad en fuerzas opuestas».

Se esté o no de acuerdo con su tesis, puede uno disfrutar con la donosura de sus planteamientos y aprender deleitándose.

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