Destilería Roma.	 Alberto Rodríguez Gorgal. Arbor sapientae. Precio: 25 €.
Destilería Roma. Alberto Rodríguez Gorgal.
Arbor sapientae. Precio: 25 €.

Destilería Roma, aunque escrito por alguien que ha hecho del turismo su modo de vida, no es una guía al uso ni un libro fácil de conseguir en las librerías españolas.

Se ha editado en Italia y está escrito no tanto para aconsejar rutas como para transmitir una bien decantada pasión absoluta por una ciudad que, necesariamente disfrutada a sorbos, tiene mucho más que ofrecer que los consabidos caldos que normalmente degustan las visitas. Desde ligeros tempranillos a orujos y ambrosías que acaso nada más sea posible descubrir aconsejados por un buen conocedor de una bodega tan antigua y amplia.

Su autor, Alberto Rodríguez Gorgal, gallego de A Coruña nacido en 1972, vive en la capital italiana desde hace más de veinte años y gestiona el tour operador enRoma.com, agencia y página de internet donde comparte vivencias y experiencias que se retroalimentan, pues, como nos dice, en el oficio de guía cada día se «se aprende de expertos que no son profesores». De esa combinación entre oficio y devoción, convenientemente mezclada con fragmentos de historia, aderezada con limaduras de estricta actualidad —también personal— y aromatizada con unos granos de eterna literatura bien administrada, sale un cóctel original y exquisito. Un tipo de acercamiento novedoso, el de Rodríguez Gorgal, que con su inusitado eclecticismo se apaña para hacernos partícipes de un fundado entusiasmo, acaso porque sigue el mismo lema que el pintor Rafael aplicaba a su arte: «conquistar primero los sentidos y luego la razón».

Estamos ante un libro que sirve, por supuesto, como consejero del visitante, pues quien lo firma es un gran conocedor de la materia, pero su impulso original no es ese, sino saciar la sed y abrir el apetito de algo más, excitar la curiosidad del lector. Los tragos que el autor nos ofrece en los once capítulos —con profusión de fotografías— que componen esta cata tienen lo que promete su subtítulo: el sabor de lo sentido. Percibe el lector la autoridad de quien escribe, tanto como su amor por Roma, pero también su intención de contagiarnos ese virus benigno que predispone nuestros sentidos para algo más alto. La primera línea del prólogo define a la perfección el sentimiento de todos los amantes romanos, los enamorados de esa caput mundi sucia y caótica —al decir de los turistas apresurados que en apenas unas horas descubren apenas su epidermis—: «Hay momentos en los que descubrimos el tiempo». Todas las páginas siguientes estarán dedicadas a intentar desenredar un poco la madeja de la «materia que el tiempo nos entrega en Roma».

Tarea titánica, por supuesto, ante la que el autor declarará sentirse como ese loco que intenta vaciar el mar con un dedal, como no podía ser de otra manera teniendo en cuenta la edad y preeminencia de la ciudad de Rómulo y Remo, pero de la que sale con pequeñas victorias parciales en su persecución de las epifanías con que la milenaria urbe se nos muestra. Espléndidas son las páginas, entre otras, que dedica por ejemplo al Ara Pacis o a contemplar desde nuestra acera del tiempo a personajes femeninos de la historia, como Maria Mancini, Ludovica Albertoni «más allá de su piel de piedra» de beata labrada por Bernini, o Faltonia Betitia, la primera mujer que publicara un libro en caracteres de imprenta mil años después de haberlo redactado.

Citas latinas y poemas van punteando el relato que nos ofrece la alquitara con veinte años de servicio de Alberto Rodríguez Gorgal, llevando el ritmo del tema principal: Roma, su historia y su actualidad, su destino de capital del mundo a la que llegaban, con los extranjeros, atraídas a ella como polillas, distintas versiones del mundo y tradiciones. Algo de todas ellas ha ido destilando ese alambique minucioso de una voz capaz de contar algunos cientos de historias «que harán que vivan una cierta vida esos nombres» de la Historia, otorgando un cuerpo de líquidas palabras de alta graduación a algunos de «los mejores retratos de nuestra humanidad».

Aunque sea un libro editado fuera de nuestro país, acertará quien le pida a su librero que se lo consiga.

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