La reclamación portuguesa de la Primera Vuelta al Mundo, resucita el interés por la relación entre los dos países de la península ibérica.

¿Sería descabellada una Unión entre España y Portugal, como propugnan los iberistas?

Para que los ibéricos no dejemos de aburrirnos, en pleno descoloque del catalanismo independentista aparece la propuesta portuguesa, aprovechando el 500 aniversario del suceso,  de incluir en la lista de candidaturas al Patrimonio Mundial de la UNESCO,  como un glorioso hecho portugués, solamente atribuible a Fernando de Magallanes,  la expedición que comenzaron aquellas cinco naves que partieron de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519, para comenzar una aventura que acabaría siendo la primera vuelta al mundo.

La propuesta olvida que la expedición, despreciada y rechazada por el rey de Portugal Manuel I,  fue organizada y financiada por España –muchos empresarios andaluces pusieron dinero en ella-,  y que para capitanearla Magallanes se “desnaturalizó” de su obediencia al rey portugués, materializando su condición de súbdito del joven rey español Carlos I –que con las “Capitulaciones de Valladolid” nombró a Magallanes gobernador y adelantado de todas las tierras que descubriese-, como olvida también que, muerto Magallanes a mitad de la travesía, fue Sebastián Elcano quien la finalizó, atravesando por cierto espacios que, según el Tratado de Tordesillas, pertenecían  a la corona portuguesa…

Los que defendemos una relación especial entre los dos estados que constituyen el espacio peculiar que conforma la Península Ibérica dentro de Europa –el pequeño continente-,  no podemos sino sentirnos muy decepcionados.

Partidarios del iberismo – “doctrina que propugna la unión política o una especial relación sociopolítica entre España y Portugal”, en la cuarta acepción del Diccionario de la Lengua Española- lo fueron personalidades históricas y culturales tan importantes como Francisco Pi y Margall, Emilio Castelar, Juan Valera, Leopoldo Alas Clarín, Emilia Pardo Bazán, Joan Maragall  o  Miguel de Unamuno, en España. Incluso cuando Francesc Maciá proclamó en 1931 la República Catalana, lo hizo como “estado catalán integrado en la Federación de Repúblicas Ibéricas”.

Por la parte portuguesa, en su libro La balsa de piedra (1986) José Saramago relata la separación de la península ibérica del resto del continente, para navegar a la deriva juntos españoles y portugueses… E iberistas fueron también Almeida Garrett, Antero de Quental, Oliveira Martins o Fernando Pessoa…

Aparte de los profundos lazos históricos y de la continua comunicación que se materializa a lo largo de la frontera, las relaciones económicas entre ambos países son muy significativas. Según las estadísticas, cerca de un tercio de las exportaciones españolas  van a parar a Portugal, convirtiendo a España en su principal proveedor, y también en su cliente más importante, pues la cuarta parte de las exportaciones portuguesas van a parar a España, según datos de la Agencia para la Inversión y el Comercio Exterior de Portugal del año 2017.

Por otro lado,  ante el escandaloso abandono del asunto por parte de los políticos de ambos países ibéricos, ciertas encuestas resultan muy significativas. El 5 de abril de 2011, la agencia Europa Press señalaba    –se puede consultar en Google- que “el 39,8 por ciento de los españoles y el 46,1 de los portugueses consideran que España y Portugal deberían unirse para formar una federación, según el último Barómetro de Opinión Hispano-Luso (BOHL), elaborado por el Centro de Análisis Sociales de Salamanca en colaboración con el Centro de Investigación y Estudios de Sociología de Lisboa y presentado este martes en Madrid. Crece el apoyo a la unión entre España y Portugal en ambos países. Tanto el porcentaje de españoles como el de lusos que son partidarios de que ambos países se unan ha aumentado con respecto a las anteriores ediciones de este estudio…” 
Y si pensamos en lo que esto supondría en Europa,  y cómo ambos países saldríamos fortalecidos con el estrechamiento de nuestros lazos, no podemos menos que opinar que la actual situación no deja de mostrar mucha necedad. En fin, que los ibéricos somos bastante peculiares…

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