Contaba Gabriel García Márquez una historia ocurrida durante la guerra civil española, en la prisión de Ávila:

Una mañana muy gélida, el pelotón de fusilamiento sacó a un prisionero de su celda y recorrieron juntos el campo nevado hasta llegar al lugar de la ejecución. Los guardias, a pesar de estar abrigados con capas y guantes, tiritaban y el pobre prisionero, que apenas llevaba una fina chaqueta, se lamentaba en voz alta del frío. En un determinado momento, el comandante del pelotón, irritado con los lamentos, le grita:

-¡Podrías callarte ya! Piensa en nosotros, que tenemos que regresar. 

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro pero, como todas las capacidades, cada persona la posee de un modo  diferente.  

Algunos  no son capaces de sentir ninguna clase de empatía, como los que tienen  un perfil de personalidad  psicopático. Otros, por el contrario, son altamente sensibles, sintiendo como propio cualquier dolor ajeno. Ninguno de los dos extremos es recomendable. Por un lado, si no se posee la capacidad para comprender el dolor ajeno, es más probable que se pueda cometer un delito. Por el otro, ser una persona hipersensible, te hace más vulnerable a sufrir una depresión.

La base biológica de la empatía  se encuentra en las neuronas de la corteza premotora, que fueron descubiertas por el equipo de Giacomo Rizzolatti y les pusieron el nombre de “neuronas espejo”. Durante sus investigaciones con macacos, observaron que una determinada sección de los cerebros de éstos se activaba cuando hacían un movimiento y esto también ocurría cuando observaban que el movimiento lo hacían los colaboradores del equipo de Rizzolatti.

Los seres humanos, al igual que los simios, somos animales sociales y aprendemos de los que nos rodea, lo cual tiene un gran valor para la supervivencia. Ver como nuestro compañero tropieza con una piedra nos puede provocar que sintamos el dolor con él y al mismo tiempo prevenirnos para que caminemos con más  cuidado. Así, una de las razones de que exista la empatía, podría ser el  aprendizaje que nos aporta.

El hecho de identificarnos con los  sentimientos de los demás no es exclusivo del ser humano. Como demuestra el investigador Frans Waal, la empatía es una habilidad que también poseen los animales. Frans afirma que la capacidad de poder sentir lo que otros sienten está en todos los mamíferos, sin embargo, solo aquellos más inteligentes podrán modificar su comportamiento para poder ayudar a los otros. En los humanos, los simios, los elefantes y los delfines, se ha podido observar esta capacidad. En el reino animal también existe la cooperación. Los miembros de una manada unen sus fuerzas para alcanzar metas; por ejemplo, conseguir comida. Igualmente, se ha demostrado que, incluso cuando las metas de unos y otros difieren, los animales también pueden llegar a colaborar, como lo demuestra el siguiente experimento:

En una jaula se encuentran dos chimpancés, uno que ha comido y otro que no. Se coloca delante de ellos un baúl con comida, a la que solo es posible acceder si juntos estiran  de unas cuerdas que se encuentran a su alcance dentro de la jaula.  El resultado es un trabajo en equipo en el que solo uno de la pareja saldrá beneficiado: el chimpancé hambriento. Sin embargo, la colaboración siempre terminará por beneficiar a todos sus miembros ya que, en cualquier momento, es el otro el que puede necesitar ayuda.

Cuando ocurren desgracias, en un pueblo o en una ciudad, un movimiento colectivo se apodera de sus habitantes. Aparecen oleadas de solidaridad, todos se unen por un bien común.  Nos encontramos, entonces, con un sentimiento de tristeza por lo ocurrido a la vez que un contradictorio sentimiento de esperanza, de admiración por lo que las personas unidas podemos conseguir. Pero pronto esta confianza empieza a disiparse, si se analiza fríamente la situación. Nos preocupa más algo que ha pasado cerca de donde vivimos porque existen más posibilidades de que nos pase a nosotros. Así, nuestro interés por los demás, depende principalmente de la cercanía. Cada día mueren niños, hombres y mujeres en guerras o a bordo de pateras, intentando escapar de la pobreza. Pero estas personas no acaparan titulares, la gente no se moviliza por estas muertes ¿Acaso no son “iguales” a nosotros?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *