Los fósiles de nuestra evolución Antonio Rosas.
Editorial Ariel. Precio: 20,90 euros.

La nomenclatura empieza a cambiar. A partir de ahora, el origen del hombre será también el origen de la mujer.

La formación del ser humano actual es el resultado de una suerte de migraciones.

Hay dos asuntos principales entre los que han importado al ser humano desde el principio de los tiempos, además de la supervivencia cotidiana: de dónde venimos y adónde vamos después de la muerte. La filosofía y, desde presupuestos no tan distintos, también la ciencia; pues las religiones han dado por supuesto, a su manera, tanto lo uno como lo otro.

Los fósiles de nuestra evolución es un recorrido, bien documentado y razonado, por los distintos yacimientos que nos han ofrecido fósiles de restos humanos que arrojan luz sobre los distintos vericuetos en que se ha desenvuelto la evolución, partiendo de la gran apuesta de Darwin. Lo primero que nos enseña es que no ha habido una evolución lineal y que todo descubrimiento, por cercano que sea, siempre está sometido a debate. Lo segundo que, aunque sea un libro técnico, en apariencia para entendidos, no debe ser óbice para que afrontemos su lectura como si fuera un relato que se remonta a más de cinco millones de años y que aprendamos a valorar lo que sabemos de nuestro origen para prepararnos para todo lo que todavía nos falta por saber.

La ciencia debe ser divulgada sin perder un ápice de rigor y eso es lo que hace Antonio Rosas, poniendo siempre el acento en la duda, el debate y la posibilidad de que haya nuevos cambios en la percepción de lo que hemos sido y, con las mismas dudas, de lo que seremos a partir de las nuevas tecnologías. En su nota final dice: “Sin duda, la coexistencia de diferentes especies humanas en el planeta Tierra durante los últimos centenares de miles de años es uno de los aspectos más relevantes desvelados por la ciencia recientemente. Se trata de un escenario cuyas implicaciones sociales y morales aún están por explorar. La especie Homo sapiens ha dejado de ser un resultado inevitable. Otro gran parámetro que ha llevado a revolucionar nuestro universo conceptual es la hibridación entre esas especies humanas, un fenómeno en el que los neandertales desempeñan un nuevo papel central.”

No hay nada seguro. La investigación sigue abierta. Los fósiles nos guían; pero, sin duda, aparecerán nuevos fósiles en yacimientos que todavía no se aventuran, hallazgos que irán poco a poco desvelando un misterio que aún persiste y que nos lleva a pensar, cómo no, a la posición del hombre en la naturaleza y en su destino como especie: “La teoría de la evolución humana afronta la tensión siempre latente entre el pasado y el futuro de lo humano, sobre el lugar del hombre en la naturaleza.”

No es una visión apocalíptica que se refuerce en el mundo de devastación en el que vivimos; pero sí una llamada de atención, precisamente, en lo que respecta al límite de caducidad de las especies que nos precedieron y que, con las mutaciones analizadas por los paleontólogos y los científicos de diversas ramas de la investigación, arqueólogos, antropólogos, han dado lugar a lo que somos desde hace siglos. Los hechos son los hechos, aunque estén sometidos a continuo debate, y, mientras no se demuestre lo contrario, han de ser admitidos como válidos. Tenemos que estar atentos a la evolución de la propia evolución y no pensar que ya está todo dicho. La historia que se desarrolla a través de los fósiles nos indica, tal vez, que no estamos haciendo las cosas bien, a la vez que nos advierte que las especies, incluso las tan avanzadas como la nuestra, pueden desaparecer o derivar en resultados insospechados. Este es un asunto de enjundia; pues, al cabo, nosotros estamos de paso.

Por otra parte, el libro aborda temas que están de actualidad en nuestra sociedad, como la situación de la mujer en la secuencia del desarrollo homínido y la importancia de las migraciones en la evolución humana.

Otro, todos procedemos de antepasados, muy lejanos, procedentes de África. No quiero decir nada. Sólo que reflexionemos. El futuro del ser humano, a pesar de la ciencia o gracias a ella, todavía es una entelequia.

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