La preparación y evaluación de un proyecto de inversión es una fase prioritaria entre los agentes económicos que desean llevar a cabo una asignación de recursos para implementar iniciativas de inversión.

Es una técnica que busca recopilar, crear y analizar en forma sistemática un conjunto de antecedentes económicos que permitan juzgar cualitativa y cuantitativamente las ventajas y desventajas de asignar recursos a una determinada iniciativa.

Es decir, mediante esta formulación procedemos a un análisis de cada uno de los procedimientos necesarios, para, de este modo, implantar las mejores opciones en cuanto a planes de inversión se refiere. Los alcances de la ciencia económica y el de las diferentes técnicas que se han ido desarrollando para la adecuada medida de esas ventajas y desventajas constituyen los elementos básicos de análisis.

Por lo tanto, la preparación y evaluación de un proyecto constituye un instrumento de decisión que determina la rentabilidad del proyecto o en su caso, si no resulta rentable, por lo que deberá abandonarse. En muchos casos, hay analistas que creen que la técnica no debe ser tomada como decisiva, sino solo como una posibilidad de proporcionar más información a quien debe decidir; de este modo será posible rechazar un proyecto rentable y aceptar uno no rentable.

El desarrollo de un proyecto de inversión consiste en analizar profundamente en todos sus aspectos “una idea”, que sobre todo busca la forma de aprovechar una oportunidad de negocio; que tiene como finalidad proceder a solucionar un problema de terceros (demanda insatisfecha de algún producto, etc…).

Si se desea evaluar un proyecto de creación de un nuevo negocio, ampliar las instalaciones de una industria, o bien remplazar la tecnología con el fin de cubrir un vacío en el mercado, se busca  dar la mejor solución al problema económico que se ha planteado. Su finalidad es conseguir que se disponga de los antecedentes y la información necesaria que permitan asignar de forma racional los recursos escasos que disponemos a la alternativa de solución más eficiente y viable frente a una necesidad percibida.

Cuando decidimos evaluar un proyecto de inversión estamos identificando una oportunidad de negocio y hemos analizado entre las posibles alternativas la más eficiente y ahora intentamos proceder a su evaluación sobre todo en el aspecto económico.

Primeramente debemos realizar una preparación del proyecto, determinando de forma orientativa  la magnitud de sus inversiones, costes y beneficios. Posteriormente procederemos a evaluar la  rentabilidad de la inversión.

Aunque analicemos económicamente nuestro proyecto debemos tener en cuenta que existen múltiples factores que influyen en el éxito o fracaso del mismo y que no son perfectamente previsibles en un principio:

Estos aspectos no previsibles en un principio no deben ser excusa para no evaluar proyectos, sino, por el contrario, con la preparación y evaluación posterior, será posible la reducción de la incertidumbre inicial respecto de la conveniencia de llevar a cabo una inversión; la decisión que se tome con más información siempre será mejor, salvo el azar, que aquella que se tome con poca información.

La evaluación de un mismo proyecto por diferentes personas siempre dará un resultado distinto, debido a las estimaciones en que se basan los mismos, en aspectos tan relevantes como los beneficios esperados y los costes estimados del mismo.

Por lo tanto, el fin que persigue la evaluación de un proyecto de inversión es medir objetivamente ciertas magnitudes cuantitativas que resultan del estudio del proyecto y dan a origen a operaciones matemáticas que permiten obtener diferentes coeficientes de evaluación; lo cual no significa desconocer la posibilidad de que puedan existir criterios diferentes de evaluación para un mismo proyecto. Lo realmente decisivo es poder plantear premisas y supuestos válidos que hayan sido sometidos a convalidación a través de distintos mecanismos y técnicas de comprobación. Los presupuestos en que se base el estudio del proyecto nacen de la realidad misma en la que el proyecto se encuentra inmerso y en el que deberá rendir sus beneficios; la correcta valoración de los beneficios esperados permitirá definir en forma satisfactoria el criterio de evaluación que sea el más adecuado.

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