Facilita la toma de decisiones de tu jefe aplicando talento a tus consejos y recomendaciones.

Hace unos meses asistí en Caixa Forum a la presentación del libro de Javier Fernández Aguado  LIDERAR EN UN MUNDO IMPERFECTO (Editorial Lid), y en la introducción, Enrique Sueiro (por cierto magníficos profesionales y buenos conocidos míos ambos), comentó la anécdota que circula por el mundillo económico sobre Harry S.Truman, presidente de los Estados Unidos entre 1945-1953, al que se le atribuye que en cierta ocasión solicitó a su gabinete un economista manco que no le mareara con las disyuntivas «por un lado puede ocurrir esto, por otro lado puede suceder lo opuesto».

Lo de manco viene de la expresión inglesa «on the other hand», equivalente a decir «desde otro punto de vista», que ayuda poco o nada al que demanda una solución única para la toma de decisiones.

Es cierto que en materia económica todas las variables están interconectadas y las medidas o decisiones sobre unas afectan a otras. Por otro lado y como ciencia social predecir comportamientos y situaciones también es complicado; que se lo digan a Keynes y a su modelo de la demanda agregada para combatir la inflación y el desempleo en un escenario imprevisible de stagflation.

Por eso los asesores económicos siempre previenen de los efectos secundarios de sus recomendaciones; pero de ahí a sembrar la duda sobre la medida propuesta hay un cierto trecho que quizás esté presidido por la inseguridad del propio asesor.

Esta anécdota enlaza con comportamientos parecidos en la vida y en la empresa, veamos:

En el aspecto personal:

Si  te prestas a dar consejo, cosa que no es tarea fácil, debes estar seguro de cómo hacerlo y, si no, no lo hagas, porque vas a generar más dudas que soluciones.

Cuando tenemos que tomar decisiones y precisamos de consejo porque no dominamos la materia o bien estamos confundidos, lo que menos deseamos es que venga alguien y nos siembre de dudas diciendo que si haces esto entonces ten cuidado con aquello, lo que aumenta nuestra confusión.

Sé que no es fácil porque hay pocas verdades absolutas y objetivamente ciertas, pero a la hora de exponer una recomendación es muy  diferente brindar alternativas a sembrar dudas, que no son sino las dudas del propio asesor o un exceso de celo de cobertura ante el error.

Esto también es aplicable a uno mismo, cuando se tiene cierta inseguridad, las alternativas que barajamos se convierten más bien en amenazas y vemos solo el lado negativo fruto de esa falta de autoconfianza, atenazando nuestro criterio.

No quiero decir con esto que no esté permitido dudar, ni mucho menos; al contrario, la duda es enriquecedora, es la base del aprendizaje, pero en este caso estaríamos hablando de una duda razonable y fundada y no de dudar a cada paso que des, porque la vida, queramos o no, está llena de decisiones.

Así que cuanto mejor es nuestra base para decidir, a partir de nuestra autoconfianza y de la confianza en aquellos que nos asesoran, mayor grado de acierto le vamos a dotar a nuestras decisiones y esto es muy importante porque en muchas ocasiones, si eliges un camino, es muy difícil dar marcha atrás, al menos sin tener importantes penalizaciones.

En el aspecto empresarial, la clave también está en la toma de decisiones.

Hace unos meses estuve en la inauguración de la primera Escuela de Consultoría Aplicada (e-cap ) en Auren Blc, y Manuel Pimentel, exministro de trabajo, en su intervención, comentó que la sabiduría está en decidir y el talento en  hacer, y estoy de acuerdo.

A lo largo de mi trayectoria profesional he participado en múltiples decisiones, muchas de ellas trascendentales, comprobando que el mayor grado de acierto siempre ha estado ligado a la experiencia, a un riguroso análisis técnico de la situación, al planteamiento de soluciones alternativas, a una valoración de las consecuencias  y a un adecuado y realista plan de acción.

Tampoco se puede eludir tomar decisiones en puestos de responsabilidad, ya que no tomar decisiones es una forma pasiva de tomarlas, aunque en la mayoría de los casos son unas NO DECISIONES muy caras.

Mi recomendación es que cuando tengáis que actuar como asesores de vuestros jefes, es decir siempre que hagáis un reporte, en el área de vuestra competencia, se lo pongáis fácil planteando el problema o la cuestión que se aborda con objetividad, información rigurosa y visión global; aportando de manera clara y centrada una o varias propuestas de soluciones y asumiendo algún riesgo en tus recomendaciones preferentes, ya que no vale ser solo expositivo, sino que te tienes que mojar con alguna alternativa en tus recomendaciones. Luego será tu jefe el que decida en base a la calidad de la información suministrada, poniendo en sintonía su sabiduría y tu talento.

Para ello tienes que tener confianza en ti mismo y dominar la materia en la que trabajas. Así podrás presentar esas alternativas y soluciones concretas a los problemas que se te planteen y al mismo tiempo crear esa misma cultura en tus equipos para que tú también tengas más fácil la toma de decisiones.

Si por el contrario, fruto de tu inseguridad planteas un abanico de alternativas y escenarios abiertos sin evaluar consecuencias y medios necesarios y con una postura aséptica, se lo vas a poner muy difícil a tu jefe y quizás le diga al departamento de recursos humanos aquello de:

“Contratad a un economista manco”

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