Los libros de autoayuda tuvieron su tiempo. Ya es hora de superar un término que es engañoso.

Todo el que lee un libro se está ayudando de alguna manera; cualquiera que sea el género del mismo.

Doy por supuesto, aunque quizá sea demasiado optimista, que todo el que lee un libro lo ha escogido con antelación y respondiendo a unos criterios básicos de su personalidad y formación. Porque también es engañoso eso de que la lectura es buena, independientemente del libro que se lea. No, no todos los libros son buenos para la salud, ni del cuerpo ni del espíritu. Hay libros, muchos libros, perjudiciales para quien los lee y, aquí, no importa que sean novelas, poemarios, ensayos o autobiografías.

Podríamos estar horas debatiendo sobre ese tipo de libros, causantes en algunos casos, de auténticas psicopatías y atrocidades. No lo vamos a hacer; porque de lo que trata Epicuro es de procurar el placer a través del buen juicio. Tampoco vamos a hablar de libros de autoayuda, un término que espero esté en desuso, pero que tuvo gran acogida no hace todavía un lustro. Cierto que estos libros obedecían a un esquema preconcebido, a buen seguro bien intencionado y que, en muchas ocasiones, aportaban cosas que iban mucho más allá del concepto inicial.

No, igualmente, de ensayos sensu estricto; por más que en buena medida lo sean y de muy buena calaña. Sí de divulgación, sin embargo, una palabra que ciertos puristas denuestan, pero que en el mundo de la comunicación y la globalidad es cada vez más necesaria: la divulgación con fundamento. ¿Qué sería, por ejemplo, de la ciencia sin la divulgación de la ciencia? ¿O las humanidades, la astrología, etc…? Disciplinas encerradas en sí mismas, fagocitándose a espaldas de cualquier mirada sospechosa.

Cada autor es un divulgador de sí mismo y del conocimiento o talento que atesora. Incluso el novelista, tan alejado de la realidad a veces, es un divulgador de su esencia más íntima, un voyeur de sí mismo que cuenta lo que ve y lo que intuye o imagina. La ficción es el azogue del espejo donde se mira cada mañana el escritor y, a veces, más por la noche, cuando las sombras son más espesas y caprichosas.

En el fondo, también, todos los libros de alguna forma divulgan algo, aunque no sea la pretensión de su autor, aunque no se dé cuenta siquiera. Ahora la réplica: no todos los ensayos han de divulgar algo para ser una referencia.

En los libros que presentamos a continuación en esta última vista del verano hay de todo un poco. Distintas miradas, distintos asuntos, distintas perspectivas, distintos estilos; eso sí, todos ellos saben divulgar ideas convenientes a nuestra vida en sociedad; pero también a la intimidad de nuestra personalidad. No buscan la divulgación de un modo expreso, sino la exposición de dichas ideas de una manera comprensible y directa, pero la encuentran de forma natural.

Son diez libros de variada temática sobre los que conviene hacer un ejercicio de memoria y profundizar en aquello que no salta a la vista.

Se enunciarán los títulos de los artículos que los representan. Detrás de cada enunciado hay un título que, sin pretenderlo, nos ayudará a comprender mejor las cosas, incluso las propias.

Que los disfruten.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *