Las cosas pequeñas, cotidianas, los actos insustanciales alcanzan una trascendencia peligrosa durante el confinamiento.

¿Cómo habría sido todo de haber podido viajar a Amsterdam? Las emociones se precipitan en sueños sin sueño.

 

DÍA 18 (M) 31/3/2020. Llovió a primera hora, siguió lloviendo mientras el sol estaba fuera y después siguió reinando un par de horas hasta pasado el mediodía. Antes de comer el cielo quedó cubierto de nubes y a lo largo de una hora derramó un agua muy fina, sin hacer ruido. Por la tarde, y hasta el ocaso, con el concierto de los pájaros quedó colgada de la cornisa del azul una luz cruda y tristona.

Estamos viviendo una auténtica guerra (aunque a algunos no les guste hablar en términos bélicos): los médicos y el personal sanitario hacen el papel de auténticos soldados en pleno frente, luchando contra un enemigo letal y a la vez invisible. En nuestro país hoy hemos batido un nuevo récord de muertes en las últimas 24 horas, y hasta hay familias que no saben dónde se encuentra el cadáver de su ser querido.

Mi lista de libros y películas, que tengo intención de comprar cuando salga (espero) de este encierro, sigue engordando; al final será una lista con sobrepeso. 

Se me hace muy duro hablar con mis hijas en esta situación (y en todas, para qué voy a decir otra cosa); cuando cuelgo el teléfono y dejo de escuchar sus voces, se produce un eco mortífero lleno de desolación, como la de Smaug, pero yo no soy un dragón.

 

DÍA 19 (X) 1/4/2020. No logré conciliar el sueño antes de las 3 h, ni luego pude dormir bien. Me desperté como lo he hecho en los últimos días: con la boca seca y terrosa, como si hubiese estado bebiendo litros de alcohol la noche anterior, sin haber probado una gota. Sol; nubes y viento al atardecer.

Aunque resulta casi imposible, consigo mantener la mente en blanco y no caer en la desesperación, sin ahondar en las penas comunes ni en las propias; sin detenerme en las cifras de muertos y sin escarbar en mi propia historia (que dentro de la colectiva parece pequeña, aunque profunda) y que en otra dimensión llega a correr paralela a la otra… me imagino caminando con Ellas en la cima de una montaña, contemplando las vistas, respirando el aire puro… un amanecer de primavera… con Ellas.

Cuando uno ve una película de Rossellini, en la que además participa Ingrid Bergman, se entiende por qué el cine es Arte en su estado más puro, como un museo en movimiento.

Esta noche, antes de acostarme, me pregunto: ¿Qué es más conveniente y efectivo: la rabia o el duelo? Yo por haber perdido algo sagrado (para ser precisos me han robado); otros la vida (igualmente robada), tan sagrada como mi Pérdida

 

 

DÍA 20 (J) 2/4/2020. Lluvia; sol; nubes; sol. He soñado con alguien que conozco que ahora mismo está ingresado en la UCI afectado por el coronavirus, y también que estaba en un centro comercial buscando copas de cristal. Luego me encontré con los amigos de mi padre y allí mismo estuve comiendo con ellos, hasta que alguien dijo que había perdido el sentido del gusto y del olfato, y todos se levantaron apresuradamente de la mesa y se marcharon, mientras yo permanecí sentado para comprobar si a mí me sucedía lo mismo. Durante mis dos primeros años de instituto cada día escribía mis sueños; un magnífico ejercicio para psicoanalizarme a mí mismo. 

He encontrado un pelo rubio muy fino escondido entre las teclas de mi ordenador que he conseguido sacar. Es de Noa, lo sé; lo he guardado.

 

DÍA 21 (V) 3/4/2020. Nunca el insomnio es oportuno, pero menos aún en estas semanas en las que no me permite descansar, si bien consigo hacer avanzar mis días completamente despejado. Anoche encendí por dos veces la luz para ponerme a leer (la novela de Kurt Vonnegut, que casi he terminado), y no conseguí dormirme hasta casi las 5 h, pensando en esta situación, en mis hijas… Y más tarde, como quiero cambiar unos libros de lugar y apilarlos junto a la estantería, comencé a plantearme preguntas completamente absurdas, como por ejemplo si los suelos aguantarán tanto peso e imaginando que pudieran hundirse dando lugar a una situación completamente surrealista… Esta noche me tomaré una pastilla de benzodiazepina, para fingir que estoy en el cielo, viajando en un avión de la KLM: a estas horas tendría que estar embarcando en un vuelo que me llevase rumbo a Ámsterdam, y no va a ser así.

En un reportaje de la televisión pública neerlandesa un italiano afirma que ya ni siquiera visten a los muertos para enterrarlos, mientras en España ya superamos en contagios a Italia.

 

DÍA 22 (S) 4/4/2020. Me desperté a las 8 h. Desayuné frugalmente, como de costumbre (si a lo que hago se le puede llamar desayuno), y me encaminé en dirección a la parada del autobús 55. Lucía el sol, con una temperatura de 5°C. Aunque aún corría una brisa helada, intuyo que la primavera poco a poco también se establecerá aquí. Vinieron a mi encuentro las urracas y los cuervos con su agradable escándalo de siempre, saludé a un grupo de carboneros que cantaban alegres sobre un sauce cuyas ramas besaban la orilla de un pequeño canal, y creí intuir el vuelo de un precioso herrerillo. Tras coger el metro en Zuid Station llegué a CS, tomé el tranvía 26 en dirección a Ijburg y antes de mediodía llegué a Ijburg. Me metí en el supermercado para hacer tiempo y media hora después las vi aparecer, como dos rutilantes estrellas, corriendo a mi encuentro, aunque me resulta imposible explicar todo lo que sentí al volver a verlas. Noa se agarró a mi cuello, y acto seguido lo hizo Sophie, que como siempre se mostraba más tímida que su hermana. Su olor corporal y el tacto con nuestras pieles, eso me gustaría poder guardar para cuando ya no estemos juntos y nos vuelvan a separar. Estuvimos en el parque una hora, y tras jugar en los toboganes y columpios y de paso rebozarnos de arena, les sugerí caminar hasta Action, esa caótica tienda que tanto les gusta, para acabar en la biblioteca. Les propondré ir a comer mañana al centro… esto es lo que hubiese sucedido este primer día, si hubiese podido viajar a Ámsterdam y reencontrarme con Ellas.

Anoche decidí en el último momento no tomarme la pastilla de benzodiazepina, pero otra vez dio comienzo la desesperante rutina de cada noche, así que ingerí una y terminé de leer la novela Matadero cinco de Vonnegut, y soñé con Robert Mitchum, que estaba tomándose una cerveza en aquel bar que tenía mi amigo Sevilla; me lo presentó, nos sentamos en el comedor y allí nos sirvieron la bebida. Mitchum tenía el mismo aspecto envejecido que cuando actuó en Adiós, muñeca (no como en Retorno al pasado). No sé en qué idioma hablábamos, pero ambos alabábamos la dorada cerveza que nos bebíamos: El Águila, que recuerdo mi amigo tiraba de un precioso grifo plateado con la forma del rapaz. Disfrutaba del sueño, y no hubiese querido despertarme, degustando la bebida, en aquel mítico bar que tras más de 50 años abierto cerró a comienzos de este siglo (yo tenía poco más de 20 años), y hablando de cine con Robert Mitchum, pero sonó el teléfono, y a duras penas pude levantarme y abrir los ojos: ¡era Noa! Sólo eso podía despertarme de la dulce muerte que es el sueño y comenzar un nuevo día con ánimo, con sus voces, el sol penetrando por la ventana y la alegría que al amanecer siguiente produce la benzodiacepina: el mundo parecía diferente, casi perfecto… hasta que empecé a leer los periódicos.

 

DÍA 24 (L) 6/4/2020. Hace días descubrí que una tienda seguía abierta de manera virtual, así que, lleno de felicidad, pedí varios libros y películas, que es como yo siento que mantengo el contacto del mundo exterior con el mío interior. Esas tiendas me ayudan a mí y yo colaboro con su economía, en un acto simbiótico que cuando esto pase, los que podamos tendremos que reforzar.

 

DÍA 25 (M) 7/4/2020. He dormido regular. Me acuesto sin ganas, deseando seguir leyendo, escribiendo o viendo películas. Ese ha sido mi gran problema desde que era pequeño: mi hiperactividad (no clínica, aunque sí reconozco que casi transito en la frontera). Si por mí fuera nunca dormiría, lo encuentro una pérdida de tiempo y jamás surge un mínimo interés por irme a la cama, así que llego con la cabeza revolucionada y es imposible conciliar el sueño.

 

DÍA 28 (V) 10/4/2020. La lluvia que ayer cayó hasta poco antes de acostarme ha dejado las calles empantanadas de humedad; ha amanecido nublado y yo por fin he vuelto a descansar. Me tomé una pastilla de alprazolam, y aun así tardé hora y media en dormirme (a veces he llegado a no hacerlo incluso con el somnífero), esperando el sueño como el torero que recibe a porta gayola. Recuerdo cómo el año pasado tuve que hacerme una prueba que me explicaron que requeriría de una leve sedación y que para ello me inyectarían entre otras sustancias propofol. Cuando ya me lo habían administrado y aún seguía despierto me decía a mí mismo «¿a que no me duermo?», pero sí, caí sin darme cuenta.     

En Nueva York ya no queda espacio en las morgues y el ayuntamiento de la ciudad procede a enterrar a sus muertos no reclamados (sin familiares o sin posibilidad de organizar un funeral) en un parque de Hart Island, aunque es una práctica habitual desde el siglo XIX.

 

DÍA 29 (S) 11/4/2020. He soñado otra vez con Ellas, aunque por más que intento extraer detalles, me es imposible saber qué. Lo único que recuerdo es que estábamos los tres solos, pero juntos.

A estas horas, ya noche de este sábado, me habría despedido de Ellas si hubiese podido viajar a Ámsterdam. Cada despedida se transforma en un momento único lleno de espanto, en una pesadilla de la que huyo y me gustaría poder desaparecer sin más, porque el dolor es de una intensidad extrema, pero era preferible eso a no haberlas visto.

 

DÍA 33 (X) 15/4/2020. Desde la cama, y entre sueños, escuchaba cómo llovía; un auténtico placer. El cielo ha permanecido nublado todo el día, y en algunos momentos acompañado de una lluvia ligera y bendecida.

 

DÍA 35 (V) 17/4/2020. Lluvia desde la madrugada al amanecer. El resto del día sol y una gran nube cubriendo su luminosidad y acerando mi propia obscuridad.

Ahora empiezo a ser consciente que en los últimos días de la semana pasada estaba volviéndome loco y no era consciente de ello; eso también forma parte de la enajenación. Se me dormían los brazos, hasta la punta de los dedos, no dormía más de dos horas al día, y no quería subir las persianas.

 

DÍA 37 (D) 19/4/2020. He soñado que me preparaba un dry martini con unas gigantescas olivas con hueso que ensartaba con el palillo metálico.

Viento y cielo encapotado.

 

DÍA 47 (X) 29/4/2020. Todos estamos un poco trastornados: las ranas croando en la noche profunda, mientras los gallos cantaban de madrugada y los perros ladraban en algún lugar lejano; yo también despierto, dando vueltas en la cama. Escuchaba las campanas de la iglesia que marcaban cada hora; me produce paz su sonido, como cuando estaba en la Casa del traductor en Ámsterdam. Probablemente Ellas ya empezarían a esas horas a desperezarse en esas tierras hundidas y brumosas que también han engullido mi vida, donde ha quedado parte de mi alma. Pude conciliar el sueño pasadas las 7 h, despertándome a la misma hora de siempre.

 

DÍA 51 (D) 3/5/2020. He soñado que huía de algo, que alguien me perseguía y yo corría atravesando terrenos de cultivo y subiendo muros y verjas… como si alguien quisiera atraparme. No pude ver su cara. ¿Quién sería?

 

DÍA 52 (L) 4/5/2020. Las temperaturas han subido, y las ranas croaban incluso cuando anoche aún no había conseguido conciliar mi sueño, que intuyo fue poco antes de las 4 h. Hoy viento y calor: 23ºC, y por la tarde al fin realicé mi primera salida: la hermosa hierba verdeando, la cebada crecida cimbreándose por el viento y pintada con las diferentes flores (amapolas, manzanilla…) dando colorido a un mundo en blanco y negro.

 

DÍA 55 (J) 7/5/2020. La casa huele a verano, a tiempo sin espinas, pero en la calle corre la brisa melancólica de septiembre. Los gorriones pían risueños y escucho cómo crece la hierba.

Ayer atropellaron a un gato callejero, que milagrosamente consiguió arrastrarse con las tripas fuera hasta llegar al patio para morir tranquilamente aunque con enorme sufrimiento. Cuando anoche trataba de dormirme, escuchaba el aterrador maullido de los gatos, como fúnebres lamentos, mientras las ranas croaban con la alegría que tienen los seres felices llenos de vida. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *