Con el foco puesto en Amsterdam, la pandemia del covid-19 impulsa al poeta y diarista Antonio Cruz Romero a recordar y renovar lecturas y emociones que tienen mucho que ver con los afectos.

Cada sociedad tiene su filosofía de vida y de afrontar el día a día, sus intereses y sus revelaciones. En tiempos de pandemias la diferencia se estrecha.

 

DÍA 0 (V) 13/3/2020. Esta situación me hace pensar en algunos libros sobre plagas y contagios: el Diario de Defoe, La peste de Camus (alegoría sobre la ocupación nazi), y Los novios de Alessandro Manzoni, con la estremecedora casualidad de que ésta se desarrolla en Milán. También recuerdo las películas El séptimo sello de Ingmar Bergman, y el Nosferatu filmado por Herzog; esa escena de las ratas blancas y los ataúdes abiertos me obsesiona y hasta he escrito varios poemas sobre el tema.

En una entrevista en el periódico neerlandés NRC Handelsblad a Jaap van Dissel, director del Centro para el control de las enfermedades infecciosas, afirma que «La mitad de los neerlandeses finalmente contraerá el virus»; y pido que si fuera posible, que me contagie yo por dos veces antes que Ellas.

 

DÍA 3 (L) 16/3/2020. El medio neerlandés NOS afirma que «los coffeeshops pueden abrir de nuevo para permitir que el personal se lleve las sustancias a casa»; deduzco que esto es equiparable a las farmacias, y acaso lleven razón porque si lo conveniente es no salir, en esta situación es mejor no permanecer sobrios. También leo que han robado una pintura de Van Dyck en la Christ Church Picture Gallery de Oxford; la bajeza humana no tiene límites.

 

DÍA 4 (M) 17/3/2020. Me acosté demasiado tarde, y mucho antes de las 5 h ya no podía dormir. Tras dar vueltas en la cama durante unos minutos me di cuenta que no merecía la pena perder más el tiempo y decidí levantarme. ¡Qué obscuridad! Poco antes de las 7 h, cuando la luz ya era absoluta, los gorriones comenzaron a piar y a llamarse entre ellos, llenos de vida y alegría, y como el reflejo más evidente de la pureza.

Leo el Diario de Daniel Defoe; descripciones y situaciones similares a las que están sucediendo ahora; todo se repite, y esta nueva plaga es una copia exacta de las anteriores, en la forma de propagarse, en cómo la gente viajaba (o huía) a otro lugar sin saber que estaba contagiada y terminaba condenando a toda una comunidad, las muertes diarias como aparentes números sin importancia, y hasta el pillaje.

 

DÍA 5 (X) 18/3/2020. Como ya intuía desde hace demasiado tiempo, he de cancelar mi viaje a Ámsterdam esta Semana Santa; por ahora la compañía me ofrece sólo el cambio de fechas. Esta incertidumbre de no saber cuándo podré volver a verlas me causa dolor y una insoportable ansiedad. En el aire está también mi estancia en la Casa del traductor para el mes de agosto. 

Me preguntaba esta tarde si este año volverán a aparecer por las calles las cucarachas cuando llegue mejor tiempo; son indestructibles, y ni siquiera un ataque nuclear acabaría con ellas. Según la Cucarachapedia éstas se remontan como mínimo al Carbonífero (359 millones de años). Con las cucarachas siempre he tenido una relación de fascinación-odio; no sé por qué hoy pensaba en ellas.

 

DÍA 6 (J) 19/3/2020. Repaso la prensa nacional y la de los Países Bajos en el NRC Handelsblad y Het Parool (que habla de parques llenos de gente en Ámsterdam y de un análisis de sangre a todos los habitantes para determinar si están desarrollando inmunidad contra el coronavirus). El periódico flamenco De Morgen, que a diario me envía las noticias más destacadas, se hace eco en una de ellas de cómo en Bérgamo el ejército italiano es el que tiene que encargarse de sacar los ataúdes de los hospitales porque dentro ya no queda espacio. A las 14:30 h veo el noticiario en NOS, la televisión pública neerlandesa.

He recibido por sorpresa un libro del director de cine José Luis Garci, dedicado por éste y con un cariñoso texto escrito en una tarjeta. El director de cine madrileño es uno de mis referentes intelectuales, y mi cinefilia y vocación cinematográfica se deben, primeramente a mis padres, y en gran medida a sus programas.

 

DÍA 8 (S) 21/3/2020. He salido a hacer algunas compras. En uno de los supermercados no quedaban ni limones ni tomates, pan, tampoco lejía, agua sólo en botellas de litro y medio y también escaseaba la pasta. Tras dejar las compras en casa fui a otro supermercado a adquirir lo que me faltaba. Antes de entrar un hombre me pidió una barra de pan, que se la di al salir, y luego volví a entrar para comprarle unas latas de atún que me había pedido. Si ya es dolorosa y triste la situación de los sintecho, en estos momentos resulta insoportable.

A las 19:30 h estuve hablando con Ellas. Ambas estaban habladoras, explicándome lo que habían hecho y cómo se sentían, y ajenas a lo que está ocurriendo.

 

DÍA 11 (M) 24/3/2020. Tengo que mirar constantemente el día del mes en el que estamos, y hoy ni siquiera sabía si era lunes o fin de semana; es martes. De nuevo hemos amanecido bajo un cielo negro, cubierto de nubarrones. Anoche antes de acostarme se levantó un fortísimo viento, y hasta me pareció escuchar tronar. Hoy ha estado lloviendo a lo largo de todo el día con diferente intensidad.

He pasado otra mala noche, y apenas he descansado, pues aunque me voy a la cama más tarde de lo que acostumbro y cansado por la falta de sueño, no consigo  quedarme dormido fácilmente, como anoche, que a las 4 h aún seguía despierto.

He visto fotografías del centro de Ámsterdam y de los lugares más emblemáticos de la ciudad completamente vacíos, sin turistas… reconozco las calles, el patrón que dibuja la disposición del empedrado en el suelo, las aceras… ahí me gustaría estar ahora mismo… con Ellas.

 

DÍA 12 (X) 25/3/2020. Como de costumbre hoy también amaneció nublado. A la hora de la comida comenzó a llover ligeramente durante una hora, volvió a salir el sol, y algunas nubes trataron de ocultarlo. La temperatura ha descendido varios grados desde la semana pasada, o quizá sea con respecto a la de hace dos, ya no lo sé.

España ha superado en el número de muertos a China, el origen del virus, y de ayer a hoy han fallecido 738 personas. Detrás de cada uno de esos fríos números se esconde una tragedia de la que no conocemos el alcance real.

Pronto tendré que salir, al menos a tirar la basura. Por el resto nada interesante que contar: preparar alguna sencilla comida, leer, escribir, ver cine y hablar con mis hijas (cuando me llaman, a pesar de mis insistentes intentos a cualquier hora del día, sin éxito en muchas ocasiones, pero de esto prefiero ni hablar ni pensar). Ahora tengo la sensación de que cuando en estos años me quedaba en casa fines de semana enteros sin salir, era preparándome para esto, aquí, en mi aislamiento absoluto, pero la soledad es un mal necesario, y cuando algo resulta inevitable entonces deja de ser malo por completo; para mí esto (y «lo anterior») está siendo un (doloroso) retiro espiritual.

Vuelvo a ver películas que hace años que no veía, y me doy cuenta que ni en estos momentos me apetece una comedia (que apenas tengo en mi filmoteca aunque me encanta Wilder) salvo algo muy puntual como el Amarcord de Fellini que volví a disfrutar ayer. Para confinamiento el que sufrieron Anne Frank y su familia, o los secuestrados por los terroristas.

 

DÍA 13 (J) 26/3/2020. Hoy salió por completo el sol y por fin subieron las temperaturas. Sophie me confesó anoche que tiene la varicela; su cara estaba llena de pequeñas erupciones, pero parece mostrarse feliz, y hasta un poco orgullosa. Me gustaría estar junto a ella acariciando y lamiendo sus pupas, que también son mis heridas.

Al atardecer, en la quietud y el silencio absoluto que reina en la calle, los pájaros pían con sus largas melodías bajo un cielo ennegrecido, y me veo por un momento saliendo de la escuela hace treinta años. El atardecer y ese canto en particular de los pájaros siempre me lleva a esa época perdida de mi infancia, tan lejana que aún se impartían clases por las tardes. ¿Volver a un tiempo feliz lo solucionaría todo? Nunca.

Traduzco varios poemas de F. Starik, y me hago el remolón para irme a la cama; nunca tengo ganas, y en cambio me apetece que pronto se haga de día.

 

DÍA 14 (V) 27/3/2020. Poco sol (a primera hora del día) y muchas nubes. A veces flota la angustiosa sensación de que esta situación va a terminar eternizándose.

Malestar e incomprensión por parte de España e Italia con Alemania y Países Bajos en el seno de la Unión Europea por los llamados coronabonos. En momentos como estos queda de manifiesto la ortodoxia neerlandesa en temas económicos (que algunos calificarán de egoísta y ausente de solidaridad), y renace su eterno enfoque de la disciplina, la austeridad y el ahorro con el que el calvinismo como filosofía de vida ha impregnado su sociedad, para bueno y para malo. Tampoco allí entienden que en España se quiera derogar una reforma laboral cuando hay un 14% de desempleo, que tengamos veintitantos ministerios, o ciertas declaraciones de todo un Vicepresidente del gobierno.

 

DÍA 15 (S) 28/3/2020. De nuevo se me hizo eterno conciliar el sueño, diluido en innumerables pensamientos. Para colmo, desde hace meses, cuando me acuesto o estoy en silencio escucho en uno de mis oídos cómo fluye la sangre y los latidos del corazón.

 

DÍA 16 (D) 29/3/2020. No sé a la hora que me dormí, ni mucho menos si fue en la de invierno o ya en la de verano, pero estuve leyendo en la cama hasta muy tarde. Anoche hubo un momento que creí tener fiebre, malestar y hasta dolor de músculos, pero se me pasó.

Cuando terminé de ver La obsesión, una adaptación libre de El entierro prematuro de Poe dirigida por Corman, me percaté que era a esa película a la que pertenece mi primer registro fílmico y que determino quedó grabado cuando tenía 7 u 8 años (siempre creí que la escena de un cortometraje de Hitchcock) y probablemente una de las mayores influencias que flota en mi subconsciente. También he recordado cómo mis padres evitaban que viese algunas escenas de Poltergeist avanzando el cassette.

 

DÍA 17 (L) 30/3/2020. Hace semanas que no se escuchan las voces de los niños por las calles, como hoy, un día de deslucido sol y nubes ennegrecidas. Sobre mi escritorio hay siempre dos piedras, y con ellas en la mano asciendo al pico más alto de mi montaña, como esta mañana, contemplando un mar de pinos burbujeando bajo los pies, con su aire seco y cortante, y el crepúsculo más hermoso de los imaginables. Ellas también me acompañan.

Suerte que dispongo de una filmoteca de casi mil películas, pues si tuviese que depender de la programación de cine que echan en televisión (que sólo uso para eso, para ver alguna película y en raras veces el noticiario), estaría perdido; su programación es lamentable en un 99% de los días.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *