Carlos Pérez Siquier pertenece a la generación AFAL, que a mediados del siglo pasado reivindicó la autonomía artística de la fotografía.

Siquier se empeñó en reflejar el tiempo y el lugar en el que vivía, en hallar la personalidad fotográfica de la forma de vida de sus paisanos y de sus contemporáneos.

Desde los inicios de su andadura en 1956, con la fundación junto a José María Artero de la Agrupación Fotográfica Almeriense (AFAL), Carlos Pérez Siquier (Almería, 1930) ha ido elaborando un catálogo de imágenes que resultan insustituibles en la historia de la moderna fotografía española.  Pertenece a esa generación (la «generación AFAL», la llamó Laura Terré) que a mediados del pasado siglo reivindicaron la autonomía artística de la fotografía, convencidos de que poseía peculiaridades que le permitían expresarse mediante un lenguaje propio y pleno de posibilidades aún por desarrollar. A través de su revista, de sus anuarios, sus exposiciones y sus contactos con otros fotógrafos españoles, europeos y americanos, AFAL contribuyó decisivamente a situar la fotografía a la par de las otras manifestaciones artísticas, y todo ello desde una ciudad prácticamente aislada y al margen de cualquier corriente o tendencia cultural. El de Pérez Siquier fue un caso evidente de «insularidad conectada», como escribió con acierto el crítico Antonio Lafarque.

De esta forma, Pérez Siquier ─junto a otros como Cualladó, Terré, Schommer, Miserachs, Masats, Maspons, Ontañón, etc.─ se empeñó en reflejar el tiempo y el lugar en el que vivía, en hallar la personalidad fotográfica de la forma de vida de sus paisanos y de sus contemporáneos, sin dejar por ello de lado un interés por la fotografía abstracta, el retrato o incluso el pop. Una trayectoria que en su caso se vio recompensada en 2003 con la concesión del Premio Nacional de Fotografía.

Serie “La Chanca”
Serie “La Chanca” (1962)

Las muy conocidas series de Pérez Siquier sobre el barrio almeriense de la Chanca ─un valioso testimonio entre humanista y neorreal de la vida en el humilde distrito de pescadores durante los años 50 y 60─, su impronta irónica a la hora de fotografiar a los bañistas de nuestras costas en sus series sobre la playa o en «Color del Sur», aquellas «Imágenes de imágenes» de carácter más conceptual e informalista, o sus fotos turísticas por encargo de patronatos y ministerios del ramo forman parte de la memoria individual y colectiva de muchos. Y son el reflejo de una época de intensos cambios sociales y culturales, de una sociedad que transitaba desde unos usos ancestrales a ciertas formas de modernidad que poco a poco iban haciendo su aparición.

De todo ello da cuenta la exposición que acoge la Fundación Mapfre en su sede de Barcelona. Un recorrido amplio y suficiente por buena parte de su quehacer fotográfico que ocupa dos plantas del imponente edificio. La muestra, comisariada por Carlos Gollonet y Carlos Martín y planteada como una antológica, recoge algunas de las series más conocidas de Pérez Siquier, si bien deja de lado alguna ─por ejemplo las dedicadas a la Maestranza sevillana, o al tren─, mientras que otras las recompone y las integra parcialmente en series de nueva acuñación: es lo que sucede por ejemplo con «Trampas para incautos» (1980-2001) ─con fotos que aparecieron años antes en el catálogo titulado «La mirada cómplice»─ o en «Encuentros» (1991-2002), con algunas imágenes de «Medianeras» y de «Al fin y al cabo», libro este último que recogía las fotos dispersas que se realizaron en el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar a lo largo de varios años y que fueron expuestas en el Centro Andaluz de la Fotografía en 2009 bajo la coordinación de A. Lafarque.

Serie “Encuentros”
Serie “Encuentros”

Fue entonces cuando comenzó a emplearse la denominación «azul Siquier» para referirse a la predilección del fotógrafo por los colores puros y mediterráneos: los del mar y el cielo en este caso. Pero, en general, para referirse también al conocimiento exacto de cómo aprovechar la luz solar para componer el encuadre, enfocar el motivo deseado y disparar, consiguiendo así perfiles nítidos y contrastados, colores en su perfecta sazón, sin hacer uso del flash ni emplear hoy día método alguno de retoque digital.

Serie “Encuentros”
Serie “Encuentros”

Si de algún fotógrafo puede decirse que posee la destreza de saber escribir con la luz, ese es sin duda Pérez Siquier. Una virtud que se hizo evidente a partir de 1962, cuando dejó atrás la fotografía en blanco y negro (recuperada pocos años más tarde en alguna otra serie, como la de «La Isleta del Moro») y empezó a emplear de manera pionera el color para realizar la segunda serie sobre la Chanca (1962-1965) y, sobre todo, las fotografías de «La Playa» (1972-1980). Es en esta última serie donde la luz y el color adquieren un notable protagonismo al subrayar con potencia la temática de las imágenes; la llegada del turismo a las costas del Mediterráneo ofreció a Pérez Siquier un campo de análisis no sólo de las amplias perspectivas, sino ante todo de los detalles: detalles de las telas, de los atuendos y complementos de los bañistas, aunque de manera particular de los cuerpos; fragmentos de una carnalidad abundante, orgullosa, desparramada, pero dispuesta en una extraña armonía con el entorno natural que ocupa de manera tan luminosa y restallante.

Serie “La playa” (1974)
Serie “La playa” (1974)

La exposición, en su tramo último, concluye con la serie titulada «La Briseña» (2015-2017), nombre de una pequeña y austera vivienda de pastores que Siquier adquirió hace años en un paraje no demasiado alejado de Almería, pero lo suficientemente aislado y escondido como para permitirle una reflexión intimista y despojada sobre la existencia. Aparecen aquí los rincones, los utensilios, el mobiliario, los juegos de luz en las esquinas de la casa, en el jardín salvaje y en el paisaje árido que la rodea. Y vemos cómo surgen ecos de otras series, como si de un recuento de su labor pasada se tratara: los perros que habitan el cortijillo, que nos remiten a su catálogo «Amor animal», las texturas estratigráficas de las paredes, ya presentes en las fotos en color de La Chanca, los volúmenes de las paredes encaladas y sus juegos de luces y de sombras, etc. Toda esta especie de inventario fotográfico se nos muestra finalmente aureolado de un cierto aire de despojamiento místico y de recapitulación pausada y melancólica de alguien que se ha puesto en paz consigo mismo y con su labor.

Serie “La Briseña”
Serie “La Briseña”

Tuvimos la fortuna de visitar la exposición durante el pasado mes de marzo, antes de que se decretara la alerta sanitaria que nos tiene confinados desde hace semanas. Las obras iban a permanecer en la sede la Fundación Mapfre hasta el 17 de mayo, y después emprenderían una itinerancia por otras capitales españolas y europeas. Desconozco cómo quedará el calendario de la muestra una vez que regresemos a una relativa normalidad. Sea como fuere, aún podremos recurrir a la red y a los catálogos para seguir admirando las imágenes de un fotógrafo que supo encontrar en lo particular de su tierra aspectos, matices, historias, colores y perfiles que la trascienden y que apuntan a la universalidad claramente reconocible de esa categoría estética a la que llamamos belleza.

Exposición: Fundación Mapfre. Barcelona.

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