Sobre mi poesía (1971-2018).	 Luis Alberto de Cuenca. Libros Canto y Cuento. Precio: 15 €.
Sobre mi poesía (1971-2018). Luis Alberto de Cuenca.
Libros Canto y Cuento. Precio: 15 €.

Sobre mi poesía reúne todos los requisitos para llegar a interesar a cualquier aficionado a la poesía.

Las intervenciones de Luis Alberto de Cuenca dejan flotando en el ambiente un apasionado amor por la literatura.

Con toda la seriedad académica pero también toda la amenidad que pudiera requerir cualquier lector no especialista. Así es este libro que, bajo la apariencia de una colecta para expertos, reúne todos los requisitos para llegar a interesar a cualquier aficionado a la poesía. Quien guste de fatigar ensayos de cualquier tipo, pero más en el caso de los filológicos, sabrá de la dificultad que conlleva un empeño así. Casi nadie sale victorioso. Si no es la terminología, son las citas, el autobombo propio e incluso ajeno, los que alejan al lector no especializado de las teorías y divagaciones farragosas y cerradas. No podía ser un libro corporativo y autorreferencial el que nos presentase el pensamiento poético de Luis Alberto de Cuenca, el padre de la «línea clara».

Los responsables de lo primero son dos jóvenes filólogos, además de poetas: Rodrigo Olay Valdés y Pablo Núñez Jerez, que son quienes han espigado la obra de Luis Alberto de Cuenca para organizar un volumen que trata exactamente lo que anuncia el título: Sobre mi poesía (1971-2018). Una edición que no aspira a la totalidad sino a ser una especie de recopilatorio «básico», con aquellos textos esenciales que ayuden a comprender la obra y evolución del poeta madrileño, quien se inició en el culturalismo novísimo y, a partir de La caja de plata (1985), se convirtió en referente para una buena parte de la lírica española posterior al postular con éxito un tipo de poesía en la que pasan cosas, hija de su tiempo y que se entiende. Por ello, aunque no fuera él solo quien tomó ese camino, adentrarse en él conduce a un conocimiento global sobre el influjo del sesgo clásico en las últimas décadas de nuestra literatura.

El pórtico de los editores es sucinto y en él se nos da cuenta del método que han empleado en la selección de estos ejercicios de autoexégesis, ordenados cronológicamente, que van de las poéticas en sí mismas a entrevistas fragmentadas, artículos que comentan a otros autores y poéticas en verso espigadas de entre los poemarios del autor. Hay alegato y hay semblanzas estupendas sobre los autores tutelares de Luis Alberto de Cuenca, aquellos que de alguna manera han marcado su quehacer lírico. La disposición de las notas y referencias al final coadyuvan a no entorpecer la lectura y permitir su fluidez. El responsable último, no obstante, de que este libro sea ameno y deleitoso es el propio autor estudiado, pues su prosa es ágil a la par que didáctica y ni siquiera en las entrevistas deja de perder la chispa necesaria para cautivar nuestra atención. De todas las intervenciones queda flotando en el ambiente, como impresión general, el aroma de un apasionado amor por la literatura. Son espléndidas las reflexiones, por ejemplo, sobre Galdós o Shakespeare en el artículo ―autobiografía de una vida que no se entiende sin libros― «La forja de un lector».

Editado en una pequeña editorial jerezana, bajo la dirección de otro poeta, en este caso José Mateos, Sobre mi poesía (1971-2018), además, se presenta con una especial sensibilidad en la edición, siendo el tomo inaugural de una colección llamada «Poéticas» que, a tenor de su primera salida a las librerías, promete mucho. El cambio radical de estética que se produjo en Luis Alberto de Cuenca, pasando de novísimo a poeta de la claridad de corte clásico o figurativo, a ese «escribir distinto», como él mismo lo denomina, queda perfectamente historiado aquí. Ese particular camino de Damasco hacia un «arte nuevo de hacer versos» personal que estuvo marcado por un giro de su obra hacia un «objeto moral» a partir de la lectura de Jaime Gil de Biedma y el ejemplo permanente de Cervantes.

 

CLARIDAD

Los poetas más oscuros ―Licofrón,

Góngora, Mallarmé― son transparentes

en el fondo, aunque cueste mucho más entenderlos

del todo que a Catulo, a Petrarca, a Verlaine.

Si amas la poesía, amas la claridad.

El objeto de la literatura

no es inventar enigmas para iniciados cursis.

Su meta es reflejar los anhelos, angustias

y emociones reales de la especie

en un espejo imaginario.

Y hacerlo de la forma más nítida posible.

       

LOS LIBROS DE LA NOCHE

Del sonido y la furia de la fiesta

surge una voz que apaga las obscenas

risotadas, los sórdidos jadeos,

y que nos deja mudos, traspasándonos

de belleza. Una voz que dicta amores

imposibles, paisajes de leyenda,

mares por descubrir, locas hazañas

de nuestros personajes favoritos.

Las mil magias, en fin, de la poesía.

Luis Alberto de Cuenca

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