El final del affaire. Graham Greene.
Libros del Asteroide. Precio: 21,95 €.

No queremos descubrir el pulso narrativo de Graham Greene, su capacidad para engranar argumentos y vida interior.

El desenlace no puede ser más sorprendente.

Con epílogo, atinado pero un tanto condescendiente, de Mario Vargas Llosa y gracias a un traductor de muchos quilates, el escritor Eduardo Jordá, Libros del Asteroide ha recuperado El final del affaire (en su día, hace muchísimos años, se vertió al español bajo el título El fin de la aventura) de Graham Greene, uno de los grandes narradores de la centuria anterior, no en vano William Golding afirmó, aparte de considerarlo «único e inimitable», que sería «leído y recordado como el mayor cronista de la consciencia y las inquietudes del hombre del siglo XX», en esta novela muy presentes con la Segunda Guerra Mundial en el Londres bombardeado y la inmediata posguerra como telón de fondo.

No vamos a descubrir a estas alturas el pulso narrativo de Greene, su capacidad para engranar argumentos y vida interior. Y desde luego no defrauda con esta «historia de odio mucho más que de amor» en la que, como de costumbre, siempre da la sensación de que escamotea lo sustancial, de que se guarda una si no más bazas incluso tras la resolución del conflicto. Como bien señala Vargas Llosa, «la sencillez estructural del relato es engañosa, porque encierra una compleja trama espiritual, de la que el lector va tomando conciencia tardíamente». Greene nos engancha con una especie de triángulo amoroso que maneja como un prestidigitador, pasa del falso enredo a la falsa intriga, cuando menos se espera irrumpe la tragedia y al cabo el desenlace no puede ser más sorprendente, con lo que nos impide en todo momento dejar de lado la lectura.

Encabeza la novela una cita del inclasificable heterodoxo Leon Bloy, y no es de extrañar, a medida que avanza, la deriva temática hacia la cuestión del catolicismo, tan difícil en nuestro tiempo. Apoyándose en el recurso del narrador novelista en primera persona, nada habitual en la narrativa de Greene, el comienzo es en sí mismo una poética: «Una historia no tiene ni principio ni fin…» a partir del clásico in media res, y más adelante se mofa del flujo de conciencia , ironiza sobre lo anticuado de Tennyson o teoriza sobre la presentación de los personajes, el día a día del oficio, etc., hasta completar el ejercicio del punto de vista con el subterfugio del diario, que aporta la perspectiva de la antagonista.

Narrador nato, poco dado a las digresiones, cuando aparecen no pueden ser más sustanciosas: «Hoy en día lo peor que nos ocurre con el tiempo es que lo tenemos en abundancia»; «la incredulidad, lo mismo que la fe, podía ser una consecuencia de la histeria»; «es muy raro descubrir que le aman a uno, y más aún creer en ello, sobre todo cuando sabemos que los demás no pueden encontrar en nosotros nada comparable al amor que se siente por los padres o por un Dios»; «¿por qué será que el odio no consigue matar el deseo?» o «la tragedia no es lo único que nos hace daño; lo grotesco también tiene sus armas letales, sus indecorosas y ridículas armas».

John Updike calificó El final del affaire como «profunda, intensa y turbadora». Para William Faulkner era «una de las novelas más auténticas y conmovedoras» de su época (el original es de 1951) y, en verdad, al margen de la pericia en la disposición del argumento y de la transparencia estilística, Greene demuestra, en este tratado amoroso y de sus efectos, ser un maestro en la introspección sobre las relaciones del deseo y la culpa, de los celos y los remordimientos y no digamos en la cuestión de si se puede creer en Dios y la fe puede llenar el desierto sin sentido de la existencia tras la instauración de la modernidad. Eso sin contar con que es un experto, y pruebas sobran en cualquiera de los títulos de su dilatada trayectoria, en desvelarnos las verdaderas bambalinas que están detrás de la comedia humana, que pasan los años, pasan los siglos y sigue siendo la misma, por más que el progreso y los avances tecnológicos parezcan haber cambiado el argumento y el reparto de papeles.

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