En estos últimos meses estamos escuchando y leyendo muchas opiniones sobre el cambio de hora y el cambio de huso horario. A estas opiniones hay que darle “a cada una, su razón”. La idea es hablar aquí de ambos cambios e intentar entender su raíz y consecuencias.

Respecto al cambio de hora entre verano e invierno se han dicho muchas cosas. Que si ahorramos energía, que si vaya lío, que si sufrimos trastornos…

El cambio de hora consiste en añadir al horario natural (el de invierno) una hora en verano, adelantando los relojes el último sábado de marzo. El horario de verano concluye el último sábado de octubre en el que se retrasan los relojes para volver al horario de invierno. Así se consigue que la hora que marcan los relojes al amanecer no sea tan distinta entre el verano y el invierno; como lo sería si no se cambiase la hora.

Hablemos del ahorro de energía. La energía que podemos ahorrar es la relativa a la iluminación. Durante la noche gastamos energía para iluminarnos, y por eso se pensó que cambiando la hora nos levantaríamos siempre al amanecer, y no tendríamos que encender la luz por la mañana. Pero esto no nos afecta a todos por igual. No todo el mundo se despierta al amanecer. Además, dependiendo de la latitud donde vivamos, será mayor o menor el número de horas de luz disponibles en invierno y en verano.

Por otra parte, entrar a trabajar a las 8 es solo una decisión generalizada en la sociedad, que puede cambiarse decidiendo comenzar a trabajar más tarde en invierno, para evitar encender la luz por la mañana.

Hace años que pensé en lo arbitrario que es el tiempo, y ensamblé un reloj sin marcas horarias, reutilizando un reloj horrible que compré en un bazar y una baldosa de pizarra que encontré en una urbanización nueva. Al final me quedó un reloj bastante original, y cada vez que pienso en el cambio de hora, me recuerda que es algo tan tonto como girar mi reloj.

Vamos a fijarnos en los horarios de las actividades: si queremos hacer las actividades con luz de día para ahorrar electricidad, bastará con cambiar el horario de la actividad, y así no habría que cambiar ningún reloj. No es tan complicado establecer un horario laboral de verano y otro de invierno.

También tenemos que hablar de los trastornos de la salud, sobre todo los relacionados con el sueño, y es que el ser humano es un animal diurno; nuestros biorritmos nos llevan de forma natural a dormir de noche y estar despiertos durante el día. Forzar artificialmente cuándo hay que despertar por la mañana, y dejar a los biorritmos la hora de acostarse (sin que ningún reloj nos mande a dormir) acaba consiguiendo que durmamos menos de lo necesario y lleguemos al fin de semana extenuados. También hay trastornos relacionados con los fármacos que se toman periódicamente. Por ejemplo, hay un gran número de personas que necesitan insulina para mantener un nivel de glucosa en sangre adecuado. ¿Cómo se tienen que tomar estos fármacos el día que dura sólo 23 o el que dura 25 horas?

Más complicado aún es gestionar un horario de autobuses, o lo peligroso que puede ser variar la hora al establecer los cambios de vía de los trenes nocturnos. Y no digamos las envidias que puede generar el reparto de los turnos de noche en los trabajos con turnos rotatorios.

Y qué decir de los despistes que se ven tras el cambio de hora. Siempre hay alguien que no se entera, o que olvida cambiar el reloj del coche, o el de la cocina, y esto le hace pensar que todo funciona según la hora antigua.

Todas estas reflexiones bastan para pensar que es absurdo cambiar los relojes en marzo y octubre, y que cambiar la hora solo trae complicaciones innecesarias.

Hablemos ahora del huso horario. La forma más antigua de poner en hora un reloj es sincronizarlo a mediodía, es decir cuando el sol está en lo más alto del cielo, son las 12. Pero esto varía conforme gira la tierra, y es necesario variar la hora dividiendo el mapa en 24 sectores o husos (tantos como horas tiene el reloj) de 15 grados de longitud. El huso en el que vivamos tendrá una hora menos que el que lo precede (al este), esperando a que el sol -que vemos salir por el este- llegue una hora más tarde a nuestro huso.

Estadísticas de la productividad de las ciudades por husos horarios.
Estadísticas de la productividad de las ciudades por husos horarios.

Los americanos, que hacen estadísticas de casi todo, han comparado la productividad de sus ciudades y la han correlacionado con los husos horarios. Solo en la zona continental, sin contar los territorios lejanos como Alaska y Hawái, cuentan con 4 husos horarios. Han observado ciudades próximas, con latitudes comparables, pero en zona horaria diferente. Estos estudios observan una productividad mayor en las ciudades en las que amanece a una hora más temprana. Y es que la gente que llega tarde a un trabajo normal de los que comienzan a las 8 de la mañana puede llegar a ser casi un 4% menor en dichas ciudades, porque amanece antes y despiertan cómodamente con la luz del día.

Y es que esto del huso horario tiene que ver sobre todo con la hora a la que realizamos nuestras actividades. Gracias al establecimiento de husos horarios, podemos conseguir que se asocien las actividades a horas concretas de forma general, en todo el mundo. Por ejemplo, se desayuna y comienza a trabajar alrededor de las 8, se come a mediodía, etc.

Pero en España no utilizamos nuestro huso horario geográfico, que coincide en la península con el del Reino Unido, sino la hora de Europa Central.

Esto tiene consecuencias. Los españoles no despertaríamos para llegar a las 8 a trabajar, o a clase, si no fuese por nuestros despertadores, y esto concuerda con los estudios que dicen que los españoles dormimos menos. Así que, si queremos ser más productivos, o que nuestras clases las escuchemos más despiertos en la universidad, deberíamos escoger el horario de invierno, que solo tiene una hora de diferencia con el horario natural. Despertaríamos mejor, estudiaríamos mejor, trabajaríamos mejor y seríamos más productivos.

Ahora bien, los trabajos relacionados con el turismo suelen tener horarios más tardíos. Salir de compras, quedar con amigos, actividades de playa o de montaña, restaurantes, etc. Son trabajos que no comienzan a las 8, sino más tarde, y que, al contrario de las actividades de oficina e industria, echan el cierre mucho más tarde. Para estas actividades es mejor que haya más luz por la tarde. Si España quiere seguir siendo un país con una actividad turística enorme, deberá apostar por el horario de verano.

Así pues, que cada uno opine lo que quiera, pero es bueno mirar al futuro, y tener en cuenta las ventajas e inconvenientes de escoger un huso horario u otro.

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