El final del año es un tiempo en el que nos planteamos cambiar o mejorar algunas situaciones de nuestras vidas.

Sin embargo, pocas personas lo conseguirán, pues los hábitos adquiridos están tan arraigados que, muchas veces, nos impiden modificar nuestros comportamientos.

A pesar de toda la  información nueva de la que disponemos, caemos en la rutina y somos reacios a incorporar esta nueva información en nuestra forma de hacer las cosas, perdiendo así la creatividad. Esta forma de actuar tiene una explicación y es  que, en la naturaleza, lo que ha funcionado una vez, se tiende a repetir para ahorrar recursos.

El profesor M. Erikson solía plantear un problema a sus alumn@s:

“¿Cómo irían ustedes de una habitación a otra?”

A lo que algún@s respondían:

“Me levantaría  y caminaría hacia ella”,

“Yo iría corriendo”.

Otro decía: “Yo iría dando saltos”.

De esta forma iban enumerando diversas formas de acercarse a la otra habitación. Pero el profesor negaba con la cabeza y sentenciaba:

“Se están limitando en todo lo que piensan.  Yo, para ir a la otra habitación, saldría por la puerta, cogería un taxi al aeropuerto, iría a Nueva york,  Londres, San Francisco, Hong Kong, Honolulú, volvería en una limusina, entraría por el patio, pasaría por la puerta de atrás,  y finalmente llegaría al otro cuarto. ¡Y ustedes solo pensaron en ir hacia delante!”

Querer conseguir algo rápido, fácilmente y sin apenas esfuerzo, es el primero de los fallos que solemos cometer. Y es también una de las primeras razones para no hacer nada. Podemos resolver los problemas de muchas formas posibles. Las soluciones que elijamos siempre vendrán determinadas por nuestra forma de pensar. El psicólogo Max Wertheimer, en su libro El pensamiento productivo, propone dos tipos de pensamiento: el reproductivo y  el productivo.

El primero de ellos consiste en la utilización automática de los conocimientos aprendidos.

Por el contrario, el pensamiento productivo, es un conocimiento dinámico que no repite lo aprendido, sino que se aleja de la fijeza funcional de lo tradicional, analizando la raíz del problema, dando lugar a soluciones creativas y originales, obteniendo mediante este método la experiencia de insight  o comprensión súbita.

Pensar fuera de la norma establecida es algo que está al alcance de tod@s, pero al igual que ocurre con el resto de capacidades, es necesaria su práctica. Existe un ejercicio que podemos practicar con este fin. Hacia 1936 un grupo de publicistas ingenió una herramienta para la búsqueda de nuevas ideas, que más tarde sería adaptada  para su uso individual en terapia de solución de problemas, ya que era un método efectivo por su gran potencia creativa. Se trata de la técnica  denominada “tormenta de ideas de Osborn” o “Brainstorming” y se puede llevar a cabo, siguiendo los siguientes pasos:

  1. Seleccione un problema o conflicto sobre el que quiera trabajar.
  2. Apunte en una hoja de papel todas las posibles soluciones para este problema, sin juzgarlas. Lo importante de este punto es crear el mayor número de soluciones posibles.
  3. Toma de decisiones. Proceda a valorar las alternativas generadas, analice la posibilidad de combinar algunas de las alternativas y descarte las otras por inverosímiles o desadaptativas. Haga un análisis exhaustivo de las ventajas y de los inconvenientes de cada uno. Si es necesario este paso también podrá hacerlo en una hoja aparte.
  4. Implementación de la solución. Planifique la puesta en marcha de la solución, establezca los pasos a seguir y lo que necesite para llevarlos a cabo.

La flexibilidad mental que da el pensamiento creativo es una herramienta poderosa para generar nuevas situaciones. También puede servir como fuente de inspiración para generar nuevas metas o ideas para un negocio.

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