Carvalho Problemas de identidad
Carvalho Problemas de identidad.
Editorial Planeta. Precio: 20 euros

Lo que suele ser habitual en la música y en el cine y, en cierto modo, también en el arte, no es frecuente en literatura.

Hacer nuevas versiones de obras antiguas o recientes puede derivar en sospecha, salvo que sean clásicos, convenientemente comentados y anotados, o sus autores hayan muerto y sus herederos no puedan objetar derechos de autor.

Pero, me pregunto ¿qué ha de hacer un personaje cuando su autor desaparece, se cansa de él o muere? Desaparecer también quizá sería lo lógico y lo oportuno. Pero hay personajes que se rebelan, tal vez porque su contacto con la vida real les ha enseñado que, a pesar del dolor que produce la muerte de alguien cercano (y quién más cercano que aquel que te escribe) la vida sigue y hay que sobreponerse a la fatalidad que siempre conlleva la muerte. Entonces se rebelan, ponen todo su bagaje de experiencias a favor de su renacimiento y no cejan en la búsqueda de quien los escriba. En el fondo, si nadie te escribe tu existencia adquiere tonos grises e indeterminados.

Carvalho, personaje unido, ineluctablemente,  al desaparecido escritor Manuel Vázquez Montalbán y a su manera de ver el mundo, es de los que se rebelan y claman porque alguien les escriba. Carlos Zanón, cuya trayectoria es alargada y dotada de prestigio literario, ha escuchado la llamada del peculiar detective y se ha arriesgado a resucitarlo; pues riesgo es, sin duda, modelar de nuevo a un personaje cuyas aristas ya habían sido hilvanadas y pespunteadas por el Escritor, como lo llama el Carvalho de esta novela y con el que habla a menudo buscando respuestas o pidiendo ayuda.

Riesgo que Zanón resuelve con presteza, pese a la crisis de identidad del personaje, más maduro y con un mundo a su alrededor que ha cambiado de manera determinante, tanto en los modos del mal, como en los medios tecnológicos y humanos para hacerle frente. El resultado (y eso es lo que conviene a la literatura) es una buena novela, en la que el autor deja libre al personaje para que actúe a su modo, sin imponerle cambios absurdos, instalándole en una realidad que tal vez sea suya durante mucho tiempo; a raíz de esta experiencia, esperamos que sean más, ya que nos deja un buen sabor de boca y despeja cualquier sospecha.

Reinventar a un personaje no quiere decir que haya de perder su memoria, los recuerdos de lo que fue en las manos de otro escritor, sino reforzar esa memoria y provocar que las duda surjan, ya que, a no dudarlo, su identidad, cuando la encuentre, será más plena y dará mucho más juego.

Importa la trama, las vicisitudes del detective para resolver nuevos casos, quizá desde una posición más amarga y menos cínica, para amar de un modo más pesaroso; pero importa sobre todo su manera de instalarse en el nuevo contexto imaginario, aunque sea el mismo transformado por el tiempo que también pasa para él. El tiempo proporciona experiencia; pero esa experiencia te remite, ineluctablemente, al pasado que fotografía los amores que dejó pasar, malogrados, pero que persisten como si aún no hubieran comenzado.

Para quien no cree que los personajes literarios no tienen una identidad más allá de la escritura, sin duda esta novela los convencerá de lo contrario. A mí no hacía falta que me convenciera, pero lo ha hecho también.

Estoy convencido que volveremos a encontrarnos con Carvalho.

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