Madrid	 Andrés Trapiello Ediciones Destino Precio: 24,90 €.
Madrid Andrés Trapiello Ediciones Destino Precio: 24,90 €.

1971. La ciudad permanece encendida a finales de la noche para, entre otros, ese viajero que llega a la estación del Norte desde su provincia y pisa por primera vez las calles de Madrid. Alberga la conciencia de una huida, pero no sabe que será de por vida: casi cincuenta años después, ese mismo joven, ya hombre, escribirá un libro dedicado a la relación que comenzó aquella noche de corazón encogido, temblores ferroviarios y alumbrado público.

Sabemos por el texto que casi un lustro de trabajo le ha dedicado Andrés Trapiello a la elaboración de este libro, pero en realidad le ha llevado toda la vida: salvo en sus poemas, donde no es tan nítida su presencia, en sus diarios o «novela en marcha» Salón de pasos perdidos, en sus ensayos y en sus novelas se trata de una palpable presencia. Quizá por eso señala, desde las primeras páginas, que el día más importante de su existencia fue el día que decidió ir a Madrid.

Creo que era Kafka quien decía algo así como que las ciudades extrañas siempre las contemplamos como hechos consumados. Es algo que sucede hasta comenzar a vivirlas, cuando se comprende que además de unas calles también son esos hombres y mujeres que la habitan. Esa perspectiva de geografía humana, que acecha lo invisible para el turista, dándonos una visión personal, es la que ha adoptado la mirada del escritor para realizar la biografía urbana de la capital que un día fundara el moro Mohamed I allá por el siglo noveno. Buscando esa sensación de vida, por encima de la literatura, que el autor siempre ha alabado en sus maestros Cervantes o Galdós, otro provinciano que llegó a Madrid para escribirlo más o menos a la misma edad que llegaría Trapiello

En la primera de las dos partes que componen este Madrid, Andrés Trapiello emplea como señuelo para el lector la inclusión de su vida en el relato como telón de fondo y contrapunto, espejo en el que se refleja el relato de la ciudad, dando como resultado un libro impuro: un «cruce de vida, historia y guía». Un libro de aluvión y mezcla, como lo es el objeto de su retrato. Mediante esa estrategia logra presentarnos una ciudad de carne y hueso, un espacio habitado con luces y sombras, similar a la ciudad de Madrid: a medio camino entre el Prado y el Rastro, entre el cielo y el suelo, pragmática y soñadora a la vez, quintaesencia del pueblo, apogeo de lo mestizo y tan amada por unos como odiada por otros.

No falta, por supuesto, ninguna de las cosas que deben estar en un volumen que nace con intención de divulgar: desde las leyendas e historias del medievo hasta los barrios enteros inspirados por la musa del hormigón, el catálogo de las calles madrileñas como el inventario homérico de los pueblos que aportaron leva de soldados a las naves que pusieron proa hacia Ilión. La extensión parisina de La Castellana, la urbe de balcones de fragua, la ciudad de potaje que siempre fue, con sus proporciones modestas, que Galdós definió como «una mezcla de desechos de ciudad y lujos de aldea». La vocación y vacación de las provincias, a la que se acude a pretender o a solazarse, a buscarse el pan o a pasar un fin de semana de museos o espectáculos.

Hay muchas páginas memorables entre los veinticinco capítulos que en la primera parte nos van dado cuenta de épocas y cambios sobre las «tres Españas y mil madriles» que caben dentro de la villa y corte. Con todo, de tener que elegir, uno se quedaría con dos momentos en los que el autor de Las armas y las letras es una autoridad: la España del 36 y su posguerra y la de la Movida madrileña. Sobre la primera nos dice: «La guerra civil fue otra cosa, algo de proporciones homéricas, Madrid y Troya mirándose a los ojos». Movida y Transición corrieron paralelas en un escenario que había dejado de ser una dictadura, pero aún no era —o lo era apenas— una democracia, concluyendo sobre aquella que vino a ser la «versión lorquiana de España en tecnicolor».

Tras esta visita guiada por el texto o lectura tutelada por la ciudad, ciceroneados por el escritor leonés, la segunda parte presenta treinta retales matritenses o epígrafes que cuentan los diez siglos de la ciudad de otro modo, «como las vistas sucesivas de un viejo ciclorama». Son primeros planos que se ocupan de aspectos concretos, artículos de aprovechamiento de la investigación y notas realizadas durante los cuatro años de elaboración del libro, a los que se ha dado una redacción ágil y personal, con opinión subjetiva y un tono digamos más periodístico. No faltan en ellos las páginas deliciosas ni tampoco las ilustraciones que jalonan todo el volumen y que, por su importancia documental y artística, son un valor más de él. El lector descubrirá centenares de fotografías, planos, cuadros, imágenes de mucho impacto y calidad iluminando un tomo cuya maquetación también es muy destacable.

Con Madrid, Andrés Trapiello ha realizado un retrato de gran formato de la ciudad que nació como un alcázar junto al río Manzanares, semejante a los de los cronistas de la villa y algunos otros escritores que le precedieron, pero, además, al hibridarlo con su vida, algo así como una biografía de pareja entre una ciudad y un hombre. Él, claro, lo niega cuando nos dice: «No es mi autobiografía, desde luego, porque ésta la habría contado de otra manera y en otro tono». Hay una cita de Goya que Trapiello trae a colación en su texto: «el tiempo también pinta». El pintor de Fuendetodos también nos dejó esta otra: «haciendo un retrato se retratan dos».

El sendero encantado de Madrid que aparece en la primera parte de este libro es el suyo, el adulto con medio siglo de vivirlo a sus espaldas y el del joven recién llegado a la estación de Atocha, huyendo de la provincia y buscando un amor volátil como todos a esa edad. Que se expanda, como lo hace, hasta ser el de todos los lectores, es un mérito del gran escritor que es Andrés Trapiello. Un libro que no es solo para madrileños, sino, como casi todos los suyos, para todos y para nadie.

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