Lo peor para una primavera es ser confinada. Lo peor para un libro es que no le dejen salir de casa, abrir las puertas de las librerías y volar al encuentro de su lector.

El respeto y la prudencia han hecho que la Feria del libro de Madrid se vaya a octubre si el virus no se empeña en seguir diseminándose. Cambia el tiempo, pero no el espíritu.

Ecos de añoranza se han escuchado durante todo el fin de semana; ecos que repetían condolidos la ausencia de una costumbre convertida a través de los años en el rito del fin de la primavera; el pasado volvía para recordar datos y anécdotas, presencias y vivencias de otros años, anteriores a la pandemia del covid-19; hasta la lluvia regresaba enfundada en la tormenta y se encontraba un Parque del Retiro desierto de casetas y, quizá decepcionada, ha decidido esperar, aunque no acaba de alejarse, a cubierto de la pandemia en las nubes que no tienen qué leer porque los libros no han podido salir a la calle.

El pasado vuelve para mitigar las zozobras del presente. La pandemia ralentiza la vida –o la destruye sin miramientos−, la hace vulnerable e inquisidora; nos hace dudar continuamente de que haya respuestas a nuestras preguntas a la vez que disimula dichas respuestas con un exceso de información; a veces, de dudosa información. El coronavirus ha llegado al mundo del libro; ha cerrado librerías, bibliotecas y, al fin, ha obligado a aplazar la Feria del Libro de Madrid. La vida sigue, a pesar de todo; pero, por la especial significación de este evento anual y multitudinario –peligro de contagio−, todos, lectores y curiosos, viajeros de la cultura o turistas accidentales de un acontecimiento que trasciende al propio libro, sabemos que –con el permiso del santo labrador− el coronavirus no has quitado la gran fiesta de la primavera en Madrid y no sólo en Madrid, sino en todos aquellos lugares en los que puntualmente se celebran ferias del libro; pues, al fin, todo lo que tiene que ver con el libro es una celebración: la celebración de la luz.

La Feria del Libro, un lugar de encuentro entre la cultura, el ocio y el viaje interior, por encima de todas las cosas, no se suspende –difícil acallar al libro incluso en periodos de confinamiento- sin embargo; sólo se pospone: al día dos de octubre. Será entonces cuando, mientras las hojas de los árboles caen para renovarse, las hojas de los libros se abrirán de nuevo y para renovarse también en el Paseo de coches del parque del Retiro. Y quizá vuelva la lluvia para saldar la cuenta pendiente de la primavera.

Los organizadores de la Feria, con su director, Manuel Gil, a la cabeza han optado por la paciencia y la prudencia y, siguiendo las recomendaciones sanitarias, decidido llevar a cabo una feria segura para la salud de los visitantes, con restricciones y medidas de prevención, seguros de que se puede proteger a una multitud de visitantes y que el libro, atacado por el virus, sea capaz de imponer su fuerza a la pandemia. La salud es lo primero; pues, sin ella, ni el más rico sobrevive. El resultado económico –otra de las grandes incertidumbres del momento que nos ha tocado vivir− se irá viendo; pero yo creo que, si se hacen bien las cosas el sector editorial, damnificado como otros muchos sectores, poco a poco ira recomponiendo su estructura, quizá una configuración más viable, también para las editoriales más modestas pero igualmente importantes.

Tal vez sea temerario decir, cuando sufre la economía, que la pandemia del covid-19 puede ser un punto de inflexión en ciertas actitudes respecto a las cosas importantes que nos rodean y a las que a veces no hacemos mucho caso; incluidos, por supuesto, los libros.

Muchos son los asuntos de interés que protagonizarán la próxima feria del libro –el estado de las librerías, la mujer, Colombia, autores, lectores, etc…−; tendremos tiempo de profundizar en ellos. Saludemos, entonces, a la Feria del Libro que se celebrará a partir del 2 de octubre en el Parque del Retiro.

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