El 28 de Julio de 2012, la asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 20 de marzo Día Internacional de la Felicidad.

Entre sus objetivos están: el cambio climático, consumo, biodiversidad, igualdad de género, niños con discapacidades, armas…

Últimamente, citamos muy a menudo la palabra felicidad y no es raro tratándose de una revista que se refiere a los grandes placeres, del cuerpo y el espíritu o de ambos, y siendo nosotros herederos de Epicuro.

No sabemos con exactitud qué es la felicidad, ni si existe en un mundo tan contradictorio como el nuestro, tan colmado de contratiempos y actuaciones externas que parecen ideadas para posponerla, borrarla cuando se tiene al alcance, perderla cuando se ha experimentado, aunque sólo haya sido durante unos segundos. Pero está en boca de todos, en todas las conversaciones, en todos los sueños antes de convertirse en pesadillas.

No sabemos qué es y, si es, cómo se puede conseguir. Pero tenemos la sensación de que es efímera y de que, conseguirla, requiere persistencia y búsqueda constante, como la propia vida.

Epicuro, nuestro silencioso y perspicaz mentor, promovió la búsqueda de la felicidad, más que la felicidad en sí. La antinomia: placer – dolor, le sirvió para concretar su pensamiento, que no es otro que la felicidad no viene dada y que es condición indispensable para el desarrollo del ser humano. Placer y dolor no se enfrentan, se complementan; pues la vida  es una mezcla de ambos. De otra forma no viviríamos. Experimentamos dolor y placer y el uno realza al otro y viceversa. Lo que preconiza Epicuro es que hay que perseguir el placer y escapar del dolor en la medida de lo posible; ya que raro es el caso de que se llegue a la felicidad a través del dolor.

Creo que, en el fondo, Epicuro dudaba de que el ser humano tuviera capacidad para ser feliz, cuando la fatalidad y el dolor, naturales, humanos o divinos, campan por sus respetos en cualquier época o circunstancia. Por eso insistió tanto en la búsqueda de la felicidad y ofreció muchos ejemplos de cómo orientarla y hacia dónde. Es esa búsqueda la que proporciona momentos placenteros, migajas de felicidad, que te hacen olvidar los momentos de dolor que se han tenido y enfrentarse de forma más eficaz a los que se van a tener.

Foto: Francisco T. Santos

No es una percepción optimista de la realidad debido a que en un supuesto mundo feliz, dada la infinitud de aspectos que habrían de confluir para que éste fuera posible, la perspectiva se reduciría drásticamente; no habría pérdidas, no habría renuncias; consustanciales a la búsqueda de la felicidad. Un hipotético mundo feliz sería insustancial y quizá maligno y reo de la inanición. La felicidad requiere esfuerzo y generosidad y el interés de la vida, su razón de ser, radica en la lucha por conseguirla, repito, a través del cuerpo y del espíritu. No todo el mundo es capaz de concluir la tarea; nadie es feliz de manera permanente, al igual que si alguien sufriera un dolor terrible y constante moriría o se suicidaría.

Por descontado, la sociedad que hemos heredado e intentamos acondicionar influye de manera determinante en esa búsqueda y es en esa búsqueda cuando se perciben nítidamente las zonas oscuras y las amenazas de la realidad. Sólo desde esa perspectiva se podrán combatir y tapar los agujeros negros.

Hace unos días hubo manifestaciones en todo el mundo pidiendo la igualdad de género y el fin de la violencia machista. Fue un éxito; lo que demuestra que, si se programan bien, los promulgados días internacionales, tienen repercusión y consiguen avances democráticos. Ahí está la búsqueda de la felicidad: en la lucha por conseguir lo que es justo.

El Día Internacional de la Felicidad contempla al individuo, pero insta a que nos fijemos en todos aquellos que luchan contra el sufrimiento que les infiere el hecho de ser distintos o vivir en otros sitios o ser de otro color. La búsqueda de la felicidad ha de ser de todo el mundo, pero ha de salir de la búsqueda de cada uno de nosotros. Empresa harto difícil; pero en esa búsqueda y en sus pequeños avances, también se obtendrá placer, al menos para el espíritu.

Así pues, en el día de la felicidad, os insto a ser felices y os felicito por ello. Pero, ojo, también hoy debemos emprender la búsqueda; aunque eso signifique renunciar a cosas y a soportar pérdidas que quizá no correspondían a nuestra búsqueda particular.

¡Ah, y no olvidemos esos pequeños o grandes placeres que la harán más llevadera!

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